José Mora / Jeremy Albiño / Gema Zambrano / Yadira Valdivieso
© 2025, Fundación Internacional para la Educación la Ciencia y la Tecnología, “FIECYT”
ISSN 3103-1129
53
observó aumento de estrés e incertidumbre, lo cual afectó negativamente la motivación y la
autorregulación, elementos claves para sostener la atención y el compromiso lector. Así
mismo, Vázquez et al. (2020) explican que el nivel educativo de los padres y su implicación
en el proceso escolar predicen de forma significativa el desempeño lector, sin importar el
contexto sociocultural. Además, el respaldo familiar fomenta actitudes positivas haca el
aprendizaje, mientras que factores como la disposición en el aula o la actitud docente pueden
convertirse en barreras efectivas que dificultan la comprensión lectora (Getie, 2020). Blasco et
al. (2019) concuerdan con ese argumento y añaden que la mediación pedagógica y la
interacción entre iguales fortalece la comprensión lectora, puesto que, promueven el
pensamiento crítico y la metacognición mediante el diálogo.
Ante lo expuesto, se puede afirmar que a nivel mundial el desarrollo de la
comprensión lectora en los estudiantes, trasciende el dominio de las técnicas de lectura, ya
que está profundamente condicionados por factores emocionales, familiares, contextuales y
escolares. Las experiencias individuales del estudiante, la percepción de sus propias
capacidades y el entorno en el que aprende se entrelazan y configuran su manera de
interpretar los textos. Esta multiplicidad de influencias pone en evidencia que la lectura es un
acto social y afectivo, no solo cognitivo.
A nivel latinoamericano, los factores psicosociales y familiares han demostrado un
efecto significativo en el desarrollo académico. Por ejemplo, la autoeficacia emocional actúa
como predictores claves de la conducta prosocial en estudiantes de vulnerabilidad psicosocial,
lo que sugiere que el apoyo familiar puede ayudar a la adaptación y desenvolvimiento escolar
general (Gómez & Narváez, 2020). De manera similar, Chalela et al. (2020) destacan que,
aunque los factores económicos influyen en la deserción estudiantil, aspectos sociales,
familiares y afectivos son igualmente determinantes. En este sentido, la comprensión lectora
se ve comprometida, puesto que estas condiciones debilitan el vínculo del estudiante con el
proceso educativo. Las altas tasas de deserción estudiantil reportadas en países como
Colombia, México, y Argentina, que oscilan entre el 43% y el 62%, refleja la urgencia de
atender estos factores psicosociales. De forma parecida, en un estudio realizado por Sánchez
& Izquierdo (2021) indican que 6 de cada 10 estudiantes en América Latina no alcanzan los
niveles mínimos de comprensión lectora. En concordancia a esto, Malagón (2024) y Gonzáles
& Cárdenas (2020) menciona que los estudiantes con bajo rendimiento suelen presentar
contextos familiares poco estimulantes, carencia de hábitos lectores y limitaciones
emocionales. Además, la desmotivación y las bajas expectativas personales, originadas por el
entorno psicosocial, se asocian directamente con la deserción escolar (González et al., 2021).
Por otra parte, las actitudes negativas, el escaso apoyo familiar y la falta de capacitación
docente se relaciona de forma directa con el fracaso escolar, alcanzando tasas de reprobación
superiores al 40%, lo que refleja un entorno educativo poco favorable para desarrollar las
distintas competencias, entre ellas las habilidades lectoras (Osorio et al., 2022). Así mismo,
González (2019) menciona que los estudiantes que pertenecen a familias vulnerables, con poco
apoyo psicológico presentan deficiencias lectoras.
Luna et al. (2021) en su artículo explica que existe una correlación significativa entre la
inteligencia emocional, la empatía y los estilos cooperativos de resolución de conflictos, lo cual
genera condiciones más propicias para el desarrollo lector. Por otra parte, se encontró que la
autoeficacia y los hábitos saludables explican el 23% de la práctica de actividad física, lo cual
sugiere que el bienestar personal influye en la disposición para aprender (Fuentes, 2022). Sin
embargo, para Arboleda (2024) la motivación intrínseca, el conocimiento previo y un entorno
positivo influyen directamente en la comprensión lectora. Este argumento coincide con lo
expuesto por Almeida (2022) y (Sánchez & Mejía (2023), quienes indican que la falta de apoyo
familiar, los bajos niveles de vocabulario y la ausencia de herramientas comunicativas,