ISSN 3103-1129
Septiembre, 2025
Vol. 3, No. 6, 100-114
https://doi.org/10.53877/zhm0b681
KIRIA, 3(6), 2025 Revista Científica Multidisciplinaria
https://revistasfiecyt.com/index.php/kiria
La enseñanza de la Lengua y la Literatura: Reflexiones teóricas y
aportaciones pedagógicas
Teaching of Language and Literature: Theoretical reflections and pedagogical
contributions
Hilda Fabiola Condor Pinenla
Licenciada en Ciencias de la Educación mención Educación Básica. Escuela de Educación Básica Jesús Ordóñez
Grijalva. Ecuador.
hildacondor2011@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0001-2130-9272
Segundo Ricardo Chuquimarca Jácome
Magister en Innovación de la Educación. Unidad Educativa Dr. Arturo Freire. Ecuador.
segundo.chuquimarcaj@educacion.gob.ec
https://orcid.org/0009-0004-5481-0372
Diego Adrian Campaña Rodríguez
Magister en Ciencias de la Educación. Unidad Educativa Fiscal Tarquí. Ecuador.
dacampana78@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-9713-4617
Johanna Pamela Moreno Santamaría
Máster Universitario en Formación y Perfeccionamiento del Profesorado en Especialidad de Lengua Española y
Literatura. Unidad Educativa Fiscal Cumbayá. Ecuador.
pamela.moreno@educacion.gob.ec
https://orcid.org/0009-0001-8253-4713
Fecha de recepción: 13 de junio de 2025
Fecha de aceptación: 16 de agosto de 2025
Fecha de publicación: 15 de septiembre de 2025
Como citar: Condor-Pinenla, H. F., Chuquimarca-Jácome, S. R., Campaña-Rodríguez, D. A. y Moreno-Santamaría,
J. P. (2025). La enseñanza de la Lengua y la Literatura: Reflexiones teóricas y aportaciones pedagógicas. KIRIA:
Revista Científica Multidisciplinaria. 3(6), pp. 100-114. https://doi.org/10.53877/zhm0b681
RESUMEN
La enseñanza de la lengua y la literatura en la educación, generalmente se realiza a través de
un enfoque tradicional centrado en la memorización, el análisis gramatical aislado y la
reproducción de contenidos, lo que limita el desarrollo de competencias comunicativas, la
comprensión lectora y el pensamiento crítico. Ante esta situación, se propone una estrategia
didáctica integral que vincule la lectura, la escritura y la oralidad en contextos significativos,
promoviendo la interacción, la creatividad y la construcción de sentido. La metodología
empleada combina un enfoque cualitativo de tipo descriptivo con revisión bibliográfica y
análisis de propuestas pedagógicas innovadoras, integrando elementos de la didáctica de la
lengua, la educación literaria y la pedagogía crítica. Se consideran aportes teóricos de Cassany,
Colomer, Freire, Vygotsky y otros autores, adaptándolos a la realidad de aulas diversas en el
nivel básico. El alcance de la propuesta incluye tanto el diseño de actividades para el aula
como lineamientos de evaluación formativa. Los resultados, sustentados en evidencias de
experiencias previas, apuntan a un aumento en la motivación lectora, la mejora de la expresión
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escrita, la participación oral más activa y el fortalecimiento del pensamiento crítico en los
estudiantes. Asimismo, se promueve un clima escolar inclusivo y colaborativo, en el que la
lengua se concibe como herramienta de participación social y construcción de identidad. Se
concluye que una enseñanza integrada y contextualizada de la lengua y la literatura no solo
optimiza el aprendizaje, sino que contribuye a formar sujetos autónomos, reflexivos y capaces
de interactuar críticamente con su entorno.
PALABRAS CLAVE: lengua, literatura, competencias lingüísticas, pedagogía.
ABSTRACT
The teaching of language and literature in education is generally carried out through a
traditional approach focused on memorization, isolated grammatical analysis, and content
reproduction, which limits the development of communicative competencies, reading
comprehension, and critical thinking. A comprehensive didactic strategy is proposed in
response to this situation that integrates reading, writing, and oral expression in meaningful
contexts, fostering interaction, creativity, and the construction of meaning. The methodology
employed combines a descriptive qualitative approach with a bibliographic review and
analysis of innovative pedagogical proposals, integrating elements of language didactics,
literary education, and critical pedagogy. Theoretical contributions from Cassany, Colomer,
Freire, Vygotsky, and other authors were considered and adapted to the realities of diverse
classrooms at the elementary education level. The scope of the proposal encompasses both the
design of classroom activities and guidelines for formative assessment. The results, based on
previous evidence and experiences, point to an increase in reading motivation, improvement
in written expression, more active oral participation, and the strengthening of students’
critical thinking skills. Furthermore, the study encourages an inclusive and collaborative
school environment, where language is considered a tool for social participation and the
construction of identity. The conclusion reached is that an integrated and contextualized
approach to language and literature instruction not only enhances learning but also
contributes to the development of autonomous, reflective individuals capable of engaging
critically with their environment.
KEYWORDS: language, literature, linguistic competencies, pedagogy.
INTRODUCCIÓN
La enseñanza de la lengua y la literatura constituye un pilar fundamental en la formación
integral de los estudiantes, siendo el camino por excelencia a través del cual se construyen y
comunican conocimientos, se expresan ideas, sentimientos y se desarrollan habilidades
cognitivas, sociales y culturales. Esta doble disciplina, la lengua como sistema y herramienta
de comunicación, y la literatura como expresión artística y reflexiva, configura una
experiencia educativa compleja y multifacética que trasciende el simple dominio de la
gramática o el reconocimiento de obras literarias. Sin embargo, en el contexto escolar, la
enseñanza de la lengua y la literatura enfrenta múltiples dificultades que ponen en riesgo su
eficacia y pertinencia. La persistencia de enfoques educativos tradicionales centrados en la
memorización de reglas gramaticales, en el análisis fragmentado y descontextualizado de
textos literarios, y en la evaluación basada exclusivamente en la reproducción de contenidos,
limita el desarrollo de competencias auténticas en comunicación, lectura crítica y apreciación
estética (Castillo y Montoya, 2013). Esto provoca una desconexión entre el aprendizaje escolar
y la realidad cultural y social de los estudiantes, generando desinterés, bajo rendimiento y una
visión reduccionista del lenguaje y la literatura como disciplinas áridas y distantes.
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Además, la heterogeneidad que caracteriza las aulas con estudiantes provenientes de diversos
contextos culturales, sociales y lingüísticos, exige enfoques pedagógicos flexibles, inclusivos
y que reconozcan la riqueza y diversidad de sus experiencias y saberes previos. Sin embargo,
la oferta educativa tradicional muchas veces no se adapta a esta diversidad, replicando
modelos homogéneos que marginalizan y excluyen a quienes no encajan en el estándar
lingüístico o cultural dominante. Este déficit en la atención a la diversidad impacta
directamente en la equidad y calidad del aprendizaje, pues estudiantes con diferentes
necesidades o estilos de aprendizaje no reciben las condiciones adecuadas para desarrollar
sus capacidades en lengua y literatura.
Por otro lado, la formación docente juega un papel decisivo en la calidad de la
enseñanza, y en muchos casos, se evidencia una falta de actualización respecto a las nuevas
perspectivas teóricas y metodológicas que han emergido en el campo de la didáctica de la
lengua y la literatura. La ausencia de espacios formativos continuos, el escaso acceso a
recursos pedagógicos innovadores y la limitada integración de tecnologías digitales
representan obstáculos para que los docentes puedan transformar sus prácticas y atender con
eficacia los retos actuales. La incorporación crítica y creativa de tecnologías, lejos de ser un
complemento accesorio, es hoy una necesidad imperativa para conectar el aprendizaje con los
nuevos lenguajes, formas de comunicación y modos de vida de los estudiantes.
Adicionalmente, la valoración social y escolar que se otorga a la lengua y la literatura
suele estar subordinada a la percepción de que estas áreas son menos “útiles” o “rentables”
en comparación con otras disciplinas científicas o técnicas. Esta perspectiva reduce la
inversión en tiempo curricular, recursos didácticos y formación docente, y dificulta el
reconocimiento de la lengua y la literatura como espacios privilegiados para la formación de
pensamiento crítico, autonomía intelectual y sensibilidad estética. En un mundo globalizado
y en constante cambio, donde la comunicación y la interpretación de textos diversos son
habilidades necesarias para la vida personal, académica y profesional, esta subvaloración
representa un grave déficit educativo y cultural.
Frente a este panorama, el presente trabajo tiene como propósito ofrecer una reflexión
teórica profunda sobre la enseñanza de la lengua y la literatura, desde una mirada
interdisciplinaria que integre la lingüística, la teoría literaria y la didáctica, con la finalidad de
identificar los principales retos y problemáticas, así como de proponer aportes pedagógicos
que contribuyan a transformar la práctica educativa y a potenciar el desarrollo integral de los
estudiantes. Este análisis busca evidenciar la necesidad de superar los enfoques tradicionales
y fragmentados para adoptar estrategias que reconozcan la complejidad del lenguaje y la
literatura, que promuevan la inclusión y que valoren la diversidad cultural y lingüística como
fuente de riqueza educativa.
Más específicamente, el trabajo examina las tensiones entre los modelos pedagógicos
vigentes y las demandas actuales de una enseñanza que sea relevante, participativa y creativa.
Se propone además un marco conceptual que considera la lengua no solo como un sistema
formal, sino como una práctica social situada, y la literatura como una experiencia estética y
ética que fomenta la reflexión, el diálogo intercultural y la construcción de identidad. En este
sentido, la literatura escolar debe entenderse como un recurso que estimula la imaginación, el
pensamiento crítico y la sensibilidad, elementos fundamentales para formar ciudadanos
conscientes y comprometidos.
De igual manera, se destaca la importancia de la formación docente continua y
especializada, que incorpore no solo conocimientos teóricos actualizados, sino también
competencias metodológicas para diseñar actividades inclusivas y contextualizadas. La
integración de tecnologías digitales se presenta como una oportunidad para enriquecer los
procesos de enseñanza-aprendizaje, facilitando el acceso a diversos textos, promoviendo la
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interacción y favoreciendo la creación de contenidos por parte de los estudiantes, en
consonancia con las prácticas comunicativas contemporáneas.
Este trabajo adopta un enfoque multidimensional que se desarrolla en tres secciones
claramente articuladas. En la primera sección, se analiza la problemática y el contexto actual
de la enseñanza de la lengua y la literatura, integrando evidencia sobre las dificultades que
enfrentan docentes y estudiantes, así como los retos institucionales y socioculturales que
condicionan los procesos de enseñanza-aprendizaje.
En la segunda sección, se presentan los fundamentos teóricos y las perspectivas
pedagógicas que sustentan la propuesta. Desde la psicología sociocultural, Vygotsky (1986)
señala que el lenguaje es una herramienta esencial para el desarrollo cognitivo y social,
mediando la construcción del conocimiento a través de la interacción. En línea con ello, Gee
(2014) concibe el aprendizaje de la lengua como una práctica social situada, donde los
estudiantes se apropian de diversos “discursos” que se insertan en contextos culturales
específicos. En el ámbito literario, Nodelman y Reimer (2003) destacan el potencial de la
literatura infantil y juvenil para estimular la imaginación, la empatía y el pensamiento crítico,
competencias necesarias para el desarrollo integral. Asimismo, Freire (1997) aporta la
perspectiva crítica, subrayando que la educación debe ser un proceso liberador que fomente
la conciencia y la transformación social mediante el diálogo y la reflexión.
Finalmente, la tercera sección se orienta a propuestas pedagógicas y recomendaciones
para mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura. Se abordan estrategias innovadoras y
contextualizadas que promueven la inclusión, la participación y el desarrollo de competencias
comunicativas y literarias significativas, considerando la literatura escolar como un medio
para fortalecer el pensamiento crítico, la identidad cultural y la sensibilidad ética y estética.
Estas propuestas buscan incidir tanto en la práctica docente como en el diseño de políticas
educativas, contribuyendo al desarrollo integral, social y cultural de los estudiantes.
A manera de síntesis, la enseñanza de la lengua y la literatura demanda una revisión
profunda y comprometida que permita superar enfoques reduccionistas y promover prácticas
pedagógicas innovadoras, inclusivas y contextualizadas, en concordancia con planteamientos
de Castillo (2021). Solo así se podrá garantizar que estas disciplinas cumplan con su rol
formativo, no solo en la adquisición de competencias comunicativas, sino también en la
formación de sujetos críticos, creativos y culturalmente sensibles, capaces de participar
activamente en la construcción de una sociedad más justa, plural y democrática.
DESARROLLO
1. Problemática y contexto actual en la enseñanza de la lengua y la literatura
La enseñanza de la lengua y la literatura enfrenta una serie de dificultades complejas y
multidimensionales que repercuten tanto en la calidad del aprendizaje como en el desarrollo
integral de los estudiantes. Estos retos no se limitan únicamente a la transmisión de
contenidos, sino que abarcan aspectos vinculados a la construcción de competencias
comunicativas, el fomento del pensamiento crítico y la formación de una sensibilidad estética
que permita a los alumnos interpretar y producir discursos en contextos diversos.
Comprender esta realidad exige ir más allá de la visión tradicional de la asignatura,
reconociendo que su papel en la formación escolar trasciende lo meramente instrumental y se
proyecta hacia la consolidación de habilidades para la vida y la participación ciudadana.
Para comprender adecuadamente este panorama, es indispensable realizar un análisis
profundo que contemple las limitaciones de los enfoques pedagógicos tradicionales, los cuales
en ocasiones priorizan la memorización sobre la reflexión y la creatividad. A ello se suma la
creciente diversidad cultural y lingüística presente en las aulas, que demanda estrategias
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inclusivas y contextualizadas, acomo la necesidad de cerrar brechas en la formación docente
para garantizar prácticas pedagógicas innovadoras y pertinentes. Igualmente, resulta
importante considerar la valoración social y curricular que reciben la lengua y la literatura,
frecuentemente relegadas frente a otras áreas, y explorar el impacto de las tecnologías
digitales, que abren nuevas posibilidades para la enseñanza, la lectura y la escritura, pero
también plantean interrogantes sobre el uso crítico y ético de la información.
1.1 Limitaciones de los enfoques tradicionales y sus consecuencias en el aprendizaje
Durante décadas, la enseñanza de la lengua y la literatura ha estado dominada por
metodologías tradicionales que privilegian la transmisión vertical del conocimiento, centrada
en la memorización de reglas gramaticales y la repetición de contenidos descontextualizados.
En este marco, la lengua se enseña como un sistema rígido de normas que los estudiantes
deben aprender y reproducir, mientras que la literatura se aborda desde una perspectiva
formalista que enfatiza el análisis técnico de textos sin considerar su dimensión estética, social
y cultural. Esta práctica fragmenta el aprendizaje y limita la comprensión del lenguaje como
una herramienta viva y dinámica, con usos variados en diferentes contextos sociales y
culturales.
Las consecuencias de este enfoque son profundas y afectan diversos aspectos del
proceso educativo. En primer lugar, la enseñanza centrada en la memorización y la repetición
tiende a generar desinterés y desmotivación entre los estudiantes, quienes no encuentran en
las clases una conexión con sus experiencias personales ni con el mundo que los rodea. La
falta de contextualización y significado dificulta la adquisición de habilidades comunicativas
auténticas, pues los alumnos no desarrollan competencias para interpretar textos complejos,
expresar ideas propias ni participar en intercambios comunicativos reales. Según Larraín
(2002), esta reducción de la lengua y la literatura a objetos formales y técnicos desconoce su
naturaleza social y afectiva, limitando la capacidad del estudiante para apropiarse
críticamente del lenguaje.
Por otro lado, la fragmentación del aprendizaje impide que los estudiantes integren
los conocimientos de forma coherente. Por ejemplo, la enseñanza aislada de la gramática, la
ortografía y el vocabulario, sin vincularlos a prácticas discursivas concretas, dificulta que los
alumnos comprendan cómo usar la lengua efectivamente en distintos contextos. De igual
modo, el estudio de la literatura como un conjunto de obras canónicas y muertas de la realidad
cotidiana provoca que los estudiantes no reconozcan el valor de la literatura como medio para
explorar la condición humana, las emociones, la cultura y las problemáticas sociales. Esta
visión limitada no fomenta la lectura crítica ni la creatividad, habilidades fundamentales en
el desarrollo académico y personal.
Además, la evaluación tradicional basada en pruebas escritas que privilegian la
reproducción de contenidos, sin valorar la producción creativa ni la interpretación personal,
refuerza esta dinámica restrictiva. Los estudiantes aprenden a responder a formatos rígidos y
estandarizados, perdiendo la oportunidad de desarrollar autonomía, pensamiento crítico y
sensibilidad estética. Todo ello contribuye a bajos niveles de comprensión lectora, escasa
producción textual original y una percepción negativa de la lengua y la literatura como
materias poco atractivas y útiles.
1.2 Diversidad cultural y lingüística en las aulas: retos para la inclusión educativa
Las aulas se caracterizan actualmente por una gran diversidad cultural, social y lingüística,
resultado de procesos de migración, multiculturalismo y plurilingüismo que enriquecen, pero
también complejizan la enseñanza de la lengua y la literatura. Los estudiantes llegan con
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distintas lenguas maternas, costumbres, tradiciones, valores y formas de expresión oral y
escrita, que reflejan un mosaico cultural que debe ser reconocido y valorado por la escuela.
Este contexto presenta un reto para la educación, pues la heterogeneidad exige que las
prácticas pedagógicas sean flexibles, inclusivas y que reconozcan el capital cultural y
lingüístico que cada estudiante aporta. Sin embargo, la realidad muestra que muchas escuelas
continúan aplicando modelos homogéneos que privilegian la norma lingüística dominante y
los saberes culturales hegemónicos, ignorando o minimizando las identidades y expresiones
diferentes. Esta situación produce exclusión, disminución de la autoestima y desmotivación
en los estudiantes que no se sienten representados ni valorados, afectando su rendimiento y
sentido de pertenencia.
Reconocer y atender esta diversidad implica cambiar la mirada educativa hacia una
que valore la pluralidad como una fuente de enriquecimiento y aprendizaje colectivo. La
inclusión no debe entenderse solo como la incorporación física de estudiantes diversos en un
aula, sino como la implementación de estrategias pedagógicas que permitan el acceso
equitativo al conocimiento, el respeto por las diferencias y el desarrollo de todas las
potencialidades. García (2010) destaca que una educación inclusiva debe favorecer ambientes
de aprendizaje que promuevan la participación, el diálogo intercultural y el reconocimiento
de múltiples lenguajes y formas de expresión.
Además, la atención a la diversidad implica adaptar los contenidos, los materiales y
las metodologías para responder a las características particulares de cada grupo o estudiante,
promoviendo la flexibilidad curricular y el uso de recursos que contemplen diferentes niveles
y estilos de aprendizaje. En lengua y literatura, esto puede traducirse en la incorporación de
textos que reflejen diversas culturas, tradiciones orales, y variedades lingüísticas, así como en
la valorización de expresiones culturales locales y de la literatura popular. De esta manera, la
enseñanza se convierte en un espacio donde convergen saberes y experiencias diversas,
enriqueciendo el aprendizaje y fortaleciendo la identidad cultural.
1.3 Formación docente y valoración social: brechas y desafíos
La formación docente es un factor central para la calidad y pertinencia de la enseñanza de la
lengua y la literatura. Sin embargo, en muchos contextos educativos, los profesores enfrentan
importantes limitaciones para acceder a procesos de formación continua y actualización que
les permitan incorporar nuevas perspectivas teóricas y metodológicas, así como el manejo de
recursos tecnológicos y didácticos innovadores. Esta falta de actualización afecta la capacidad
de los docentes para diseñar experiencias de aprendizaje significativas, atender la diversidad
y utilizar las tecnologías como herramientas pedagógicas.
La formación inicial, en ocasiones, se centra más en la adquisición de conocimientos
teóricos que en el desarrollo de competencias prácticas y reflexivas necesarias para la
enseñanza en contextos reales y diversos. Además, la escasa oferta de cursos de capacitación,
la falta de incentivos y el limitado acompañamiento profesional dificultan que los docentes
puedan transformar sus prácticas y responder a los desafíos actuales. Jiménez (2017) subraya
que el fortalecimiento de la formación docente es una condición indispensable para innovar y
mejorar la enseñanza de la lengua y la literatura, y que debe incluir no solo contenidos
disciplinares, sino también estrategias pedagógicas inclusivas y el manejo crítico de las
tecnologías.
Por otra parte, la valoración social que se otorga a la enseñanza de la lengua y la
literatura influye directamente en la asignación de recursos y en el compromiso de los actores
educativos. Estas disciplinas suelen ser consideradas menos prioritarias o funcionales en
comparación con otras áreas como las matemáticas o las ciencias naturales, lo que se traduce
en menor tiempo en el currículo escolar, limitación en la dotación de materiales y escasa
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inversión en formación. Esta percepción errónea ignora el papel central que cumplen la lengua
y la literatura en el desarrollo del pensamiento crítico, la creatividad, la formación ética y la
participación social.
Esta desvalorización impacta también en la motivación y el reconocimiento
profesional de los docentes, quienes en ocasiones sienten que su labor no es suficientemente
apreciada ni apoyada. Por ello, resulta urgente promover políticas educativas que reconozcan
la importancia estratégica de la lengua y la literatura, y que fortalezcan su enseñanza a través
de recursos, formación y acompañamiento pedagógico adecuados.
1.4. Impacto de las tecnologías digitales en la enseñanza y aprendizaje
En la actualidad, las tecnologías digitales han revolucionado las formas de comunicación y
acceso a la información, generando un entorno mediático diverso y dinámico que influye en
las prácticas comunicativas de niños y jóvenes. Esta realidad plantea nuevos retos y
oportunidades para la enseñanza de la lengua y la literatura, que deben adaptarse para
incorporar estos lenguajes y soportes emergentes, y para desarrollar en los estudiantes
competencias digitales junto con las tradicionales.
El entorno digital ofrece acceso a una enorme variedad de textos multimodales,
interactivos y en múltiples formatos, desde videos y redes sociales hasta blogs, podcasts y
libros electrónicos. La enseñanza tradicional, centrada en textos lineales y formatos impresos,
debe transformarse para incluir estos nuevos modos de leer, escribir y comunicarse,
fomentando una alfabetización multimodal y crítica que permita a los estudiantes interpretar
y producir contenidos diversos y adecuados a diferentes contextos.
Sin embargo, la integración efectiva de estas tecnologías en el aula aún enfrenta
obstáculos significativos. Muchas escuelas carecen de infraestructura tecnológica adecuada,
conexión a internet estable y dispositivos suficientes. Además, la formación docente en el uso
pedagógico de estas herramientas es limitada, y las propuestas curriculares aún no se ajustan
plenamente a esta realidad digital. Salinas (2015) enfatiza que el uso creativo y crítico de las
tecnologías no debe ser solo una incorporación superficial, sino parte integral de una
renovación pedagógica que conecte con las formas de comunicación y aprendizaje de los
estudiantes.
Por otra parte, las tecnologías digitales también abren espacios para la colaboración, la
creación colectiva y la participación, favoreciendo aprendizajes más dinámicos,
personalizados y significativos. Estas herramientas permiten a los estudiantes producir textos,
videos, proyectos digitales y otras expresiones que enriquecen su competencia comunicativa
y literaria, estimulando la creatividad y la autonomía.
El contexto actual de la enseñanza de la lengua y la literatura exige una profunda
transformación que supere los enfoques tradicionales, atienda la diversidad cultural y
lingüística, fortalezca la formación docente y aproveche las posibilidades que ofrecen las
tecnologías digitales. Esta transformación es fundamental para garantizar una educación
lingüística y literaria de calidad, inclusiva, significativa y acorde con las necesidades de los
estudiantes.
2. Fundamentos teóricos y perspectivas pedagógicas para la enseñanza de lengua y
literatura
Para lograr una enseñanza de la lengua y la literatura que sea efectiva, pertinente y
transformadora, es indispensable fundamentar las prácticas pedagógicas en teorías sólidas y
actuales que reconozcan la complejidad del lenguaje y la riqueza de la experiencia literaria.
Esto requiere entender que la lengua no es únicamente un sistema de signos y reglas, sino
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también una herramienta viva de interacción social, identidad y construcción cultural. Del
mismo modo, la literatura debe ser concebida como un espacio de encuentro con múltiples
voces, perspectivas y realidades, capaz de ampliar el horizonte intelectual y emocional de los
estudiantes. Esta concepción demanda que el docente asuma un rol activo como mediador
cultural, orientando la comprensión, la interpretación y la producción de discursos de manera
crítica y creativa.
En este sentido, resulta fundamental integrar diversas disciplinas y enfoques que
permitan comprender no solo la estructura del lenguaje y los textos literarios, sino también su
función social, cultural y cognitiva. Perspectivas provenientes de la lingüística, la pedagogía
crítica, la sociolingüística, la psicología del aprendizaje y la teoría literaria aportan
herramientas para diseñar estrategias de enseñanza más inclusivas, dinámicas y
significativas. Al articular estos marcos teóricos con la práctica docente, se potencia el
desarrollo integral del estudiante, fomentando competencias comunicativas avanzadas,
pensamiento crítico y una apreciación profunda de la diversidad cultural y lingüística. Bajo
esta visión, los fundamentos teóricos y las perspectivas pedagógicas se convierten en el motor
de una renovación educativa que fortalece el papel de la lengua y la literatura como ejes
centrales de la formación escolar.
2.1 Lengua como práctica social y herramienta cognitiva
La comprensión contemporánea del lenguaje ha trascendido la visión tradicional que lo
consideraba únicamente un sistema de reglas gramaticales y estructuras formales. En su lugar,
se enfatiza la naturaleza social, dinámica y funcional del lenguaje, como práctica situada y
mediadora de la interacción humana. El psicólogo Vygotsky (1986) aportó una visión
revolucionaria al plantear que el lenguaje es una herramienta psicológica fundamental que
permite la mediación entre el individuo y su entorno, posibilitando el desarrollo de funciones
cognitivas superiores como la memoria, la atención y el pensamiento abstracto. Desde esta
perspectiva sociocultural, el lenguaje no es solo un medio para comunicarse, sino un
instrumento para pensar y construir conocimiento.
Asimismo, Gee (2014) introduce el concepto de "discursos" para entender el lenguaje
como prácticas sociales integradas que incluyen no solo formas de hablar, sino también
maneras de actuar, pensar y valorar en determinados contextos culturales. Esto implica que
aprender una lengua significa también apropiarse de los valores, normas y formas de
interacción propias de una comunidad. En el aula, esto se traduce en la necesidad de reconocer
y validar los distintos discursos presentes, promoviendo un aprendizaje que no sea
exclusivamente normativo sino también contextualizado y significativo.
Este enfoque tiene profundas implicaciones pedagógicas. La enseñanza de la lengua
debe orientarse a desarrollar competencias comunicativas que permitan a los estudiantes usar
el lenguaje de manera efectiva en situaciones reales, para expresar ideas, negociar
significados, argumentar y construir sentido colectivo. Se debe superar la enseñanza centrada
en la memorización y corrección formal, para fomentar prácticas discursivas auténticas, que
integren lo oral, lo escrito y lo digital.
Además, la concepción del lenguaje como herramienta cognitiva destaca la
importancia de estimular el pensamiento crítico y reflexivo a través del uso del lenguaje,
promoviendo actividades que permitan a los estudiantes analizar, cuestionar y crear
significados en interacción con sus pares y con diversos textos. De esta manera, el aula se
convierte en un espacio de construcción social del conocimiento, donde el lenguaje es motor
y mediador fundamental.
2.2 Literatura como experiencia estética, ética y cultural
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La literatura debe ser entendida no solo como un objeto académico o formal, sino como una
experiencia vital que conecta al lector con la dimensión estética, ética y cultural de la vida
humana. Esta comprensión se basa en teorías literarias contemporáneas que destacan la
polifonía, la pluralidad de voces y la apertura interpretativa del texto literario, que invita al
diálogo entre autor, obra y lector. La literatura escolar, en particular, debe fomentar la
participación activa del alumno como lector crítico y creador de sentido.
Autores como Nodelman y Reimer (2003) subrayan el valor de la literatura infantil y
juvenil para estimular la imaginación, la empatía y la capacidad crítica de los estudiantes. La
lectura literaria permite a los niños y jóvenes explorar emociones, situaciones sociales y
dilemas éticos en un contexto seguro y creativo, facilitando el desarrollo de la sensibilidad
estética y la comprensión profunda de la experiencia humana. La literatura funciona, acomo
un puente entre el mundo interior del individuo y el mundo social, promoviendo la reflexión
sobre la diversidad cultural y humana.
Esta perspectiva ética y estética requiere que la enseñanza literaria se enfoque en el
diálogo y la reflexión colectiva, en lugar de la mera memorización de contenidos o la
identificación de elementos formales. El docente debe facilitar espacios donde los estudiantes
puedan compartir sus interpretaciones, relacionar los textos con sus propias experiencias y
con problemáticas sociales actuales, desarrollando a una conciencia crítica y cultural. La
selección de obras debe ser diversa y representativa, incluyendo voces de diferentes culturas,
géneros y contextos para fomentar una visión plural y enriquecedora.
La literatura también contribuye a la construcción de identidad, al ofrecer modelos y
narrativas que permiten a los estudiantes reconocerse y valorarse a mismos y a los otros,
fortaleciendo el respeto por la diversidad y la inclusión social. Por tanto, su enseñanza debe
ser integral, vinculando la dimensión estética con la ética y la cultural, para formar lectores
sensibles, críticos y comprometidos.
2.3. Aprendizaje significativo, constructivismo y pedagogía crítica
Las teorías pedagógicas contemporáneas brindan marcos fundamentales para orientar una
enseñanza de la lengua y la literatura que sea activa, participativa y transformadora. El
aprendizaje significativo, formulado por Ausubel (1968), plantea que el aprendizaje es más
efectivo cuando el nuevo conocimiento se relaciona de manera sustancial con los saberes
previos del estudiante. En el caso de la lengua y la literatura, esto significa conectar los
contenidos curriculares con las experiencias culturales, intereses y contextos personales de los
alumnos, facilitando la comprensión profunda y el disfrute del aprendizaje.
El constructivismo, por otro lado, enfatiza que el conocimiento se construye
activamente a través de la interacción con el entorno y con otros sujetos. Esta perspectiva
aboga por ambientes de aprendizaje colaborativos, donde los estudiantes son protagonistas y
co-creadores de su conocimiento, experimentando, reflexionando y resolviendo problemas de
manera autónoma y creativa. En la enseñanza del lenguaje, esto implica fomentar actividades
que involucren la producción de textos, el diálogo, la negociación de significados y la reflexión
crítica sobre el uso del lenguaje.
Finalmente, la pedagogía crítica, inspirada en Freire (1997), propone que la educación
debe ser un proceso liberador que fomente la conciencia crítica y la acción transformadora. El
lenguaje es una herramienta para que los estudiantes analicen su realidad, cuestionen las
injusticias y participen activamente en la construcción de una sociedad más justa. Esta
perspectiva demanda que la enseñanza de la lengua y la literatura promueva el diálogo
auténtico, el análisis de problemáticas sociales y culturales, y el desarrollo de competencias
para la participación ciudadana.
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Integrar estos enfoques pedagógicos implica diseñar experiencias de aprendizaje que sean
significativas, colaborativas y críticas, que estimulen tanto el desarrollo cognitivo como el
compromiso ético y social de los estudiantes.
2.4. Enfoques integradores y estrategias pedagógicas innovadoras
Con base en estos fundamentos teóricos, la enseñanza de la lengua y la literatura debe
orientarse hacia enfoques integradores que superen la fragmentación tradicional y
promuevan el desarrollo de competencias comunicativas, literarias, críticas y creativas de
manera articulada. Esto requiere combinar el aprendizaje de la gramática y las estructuras
lingüísticas con la lectura comprensiva, la escritura creativa y la exploración literaria, en
proyectos y actividades que tengan sentido para los estudiantes.
Entre las estrategias pedagógicas más efectivas se encuentran el aprendizaje basado en
proyectos, que fomenta la investigación, la colaboración y la aplicación práctica de
conocimientos en situaciones reales o simuladas. Los talleres literarios son espacios donde los
alumnos pueden experimentar con la creación de textos, compartir y reflexionar sobre sus
producciones y las de sus pares, fortaleciendo la sensibilidad estética y la autonomía como
lectores y escritores.
Las prácticas discursivas en contextos auténticos, como debates, exposiciones,
entrevistas o producción multimedia, facilitan el uso funcional y significativo del lenguaje,
desarrollando habilidades para comunicarse en diversos registros y con distintos propósitos.
La incorporación de tecnologías digitales también es fundamental para ampliar los recursos y
formas de expresión, permitiendo la interacción, la creatividad y la producción colaborativa
en entornos virtuales y multimedia.
Estas metodologías innovadoras contribuyen a aumentar la motivación, la
participación activa y el aprendizaje significativo, aspectos esenciales para una educación
lingüística y literaria acorde con las demandas del siglo XXI.
3. Propuestas pedagógicas y recomendaciones para la mejora de la enseñanza
La transformación profunda y sostenida de la enseñanza de la lengua y la literatura demanda
propuestas pedagógicas que sean innovadoras, inclusivas y contextualizadas, capaces de
responder a los desafíos contemporáneos y de potenciar el desarrollo integral de los
estudiantes. Esto implica diseñar estrategias didácticas que no solo fortalezcan las
competencias lingüísticas y literarias, sino que también promuevan la creatividad, el
pensamiento crítico, la apreciación estética y el respeto por la diversidad cultural y lingüística.
Tales propuestas deben considerar las particularidades del contexto escolar, las necesidades
e intereses del alumnado, así como las oportunidades que ofrecen las tecnologías digitales
para enriquecer la experiencia de aprendizaje.
Asimismo, resulta imprescindible que estas propuestas se acompañen de
recomendaciones concretas dirigidas a docentes, instituciones educativas y formuladores de
políticas públicas, de manera que se generen las condiciones necesarias para su
implementación efectiva y sostenible en el tiempo. Entre estas condiciones se incluyen la
formación y actualización permanente del profesorado, la dotación de recursos didácticos
pertinentes, el fortalecimiento de la gestión escolar y la promoción de políticas que reconozcan
y valoren la centralidad de la lengua y la literatura en el currículo. La articulación entre
propuestas y recomendaciones permitirá construir un marco de acción coherente que
favorezca la innovación pedagógica y garantice su permanencia como parte integral de los
procesos educativos.
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3.1. Estrategias inclusivas y atención a la diversidad
La heterogeneidad cultural, lingüística y cognitiva que caracteriza a las aulas contemporáneas
debe ser entendida como una riqueza y un punto de partida para la construcción de ambientes
de aprendizaje verdaderamente inclusivos. Para ello, las estrategias pedagógicas deben
diseñarse con un enfoque de equidad, que asegure que todos los estudiantes,
independientemente de sus condiciones personales, sociales o culturales, tengan acceso pleno
y significativo al aprendizaje de la lengua y la literatura.
Una estrategia fundamental es la diferenciación pedagógica, que consiste en adaptar
los objetivos, los contenidos, los procesos y los productos educativos según las características,
intereses y necesidades particulares de cada alumno o grupo. Esto implica, por ejemplo,
ofrecer múltiples opciones de lectura, utilizar materiales que contemplen diferentes niveles
de complejidad y formatos, y variar las actividades para atender distintos estilos y ritmos de
aprendizaje. Además, es determinante que los docentes empleen evaluaciones formativas y
flexibles, que valoren el progreso individual y las distintas formas de expresión.
Asimismo, la inclusión requiere la incorporación explícita de textos, voces y saberes
diversos en los currículos y materiales didácticos. Esto significa integrar obras literarias y
lingüísticas que representen las culturas locales, las lenguas originarias, las expresiones
populares y las identidades de género y étnicas diversas. La presencia de esta pluralidad en
el aula no solo favorece la representación y el reconocimiento de los estudiantes, sino que
enriquece el aprendizaje al ampliar horizontes culturales y promover el respeto y la
convivencia intercultural.
El rol del docente en este contexto es fundamental. Es necesario que desarrollen
competencias interculturales que les permitan gestionar la diversidad con sensibilidad y
eficacia, fomentando un clima de respeto, diálogo y colaboración. La formación en estas
competencias debe ser parte integral de la capacitación docente continua. En suma, las
estrategias inclusivas y la atención a la diversidad constituyen un pilar esencial para una
enseñanza de la lengua y la literatura que sea justa, equitativa y enriquecedora para todos.
3.2. Uso crítico y creativo de tecnologías digitales
El avance vertiginoso de las tecnologías digitales ha transformado las formas de comunicarse,
informarse y aprender, configurando un nuevo ecosistema educativo que debe ser
incorporado de manera crítica y creativa en la enseñanza de la lengua y la literatura. Lejos de
entender las tecnologías como simples herramientas de apoyo, su integración debe concebirse
como un componente central que potencia la interacción, la producción y la reflexión en el
proceso de aprendizaje.
Las plataformas digitales ofrecen acceso a una diversidad sin precedentes de textos,
recursos multimedia y espacios de comunicación colaborativa. Por ejemplo, el uso de blogs,
wikis, foros virtuales y redes sociales educativas permite a los estudiantes participar
activamente en comunidades de aprendizaje, compartir sus producciones, recibir
retroalimentación y dialogar con sus pares y docentes en tiempo real. Estas prácticas
favorecen el desarrollo de competencias comunicativas complejas, que incluyen la capacidad
de seleccionar, analizar, crear y compartir información en diversos formatos y contextos.
Además, la producción de contenidos digitales, como cuentos digitales, podcasts,
videos literarios, infografías o presentaciones multimedia, estimula la creatividad, la
autonomía y el pensamiento crítico. Estas actividades integran habilidades lingüísticas,
literarias, tecnológicas y artísticas, permitiendo a los estudiantes expresarse de maneras
variadas y significativas, conectando el aprendizaje escolar con sus intereses y prácticas
culturales digitales.
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No obstante, la incorporación efectiva de estas tecnologías requiere superar barreras
importantes. Muchas escuelas enfrentan limitaciones en infraestructura tecnológica, acceso a
internet y disponibilidad de dispositivos, lo que restringe las posibilidades de integración.
Además, la formación docente en competencias digitales y pedagógicas es todavía insuficiente
en numerosos contextos, y las propuestas curriculares no siempre están alineadas con las
demandas del entorno digital.
Por ello, es esencial promover políticas y programas que mejoren la infraestructura
tecnológica y brinden capacitación continua a los docentes para el uso pedagógico crítico y
creativo de las tecnologías. Asimismo, se debe fomentar el desarrollo de materiales digitales
educativos accesibles, relevantes y de calidad, que respondan a la diversidad cultural y
lingüística de los estudiantes. En conjunto, estas acciones permitirán aprovechar plenamente
el potencial transformador de las tecnologías en la enseñanza de la lengua y la literatura.
3.3. Formación continua y actualización docente
La calidad y pertinencia de la enseñanza dependen en gran medida de la preparación y
desarrollo profesional de los docentes. En el ámbito de la lengua y la literatura, la formación
docente debe ir s allá de la adquisición inicial de conocimientos, para convertirse en un
proceso permanente, contextualizado y orientado a la práctica reflexiva y a la innovación
pedagógica.
Los programas de formación continua deben incluir contenidos teóricos actualizados
sobre el lenguaje, la literatura y el aprendizaje, así como estrategias didácticas inclusivas,
metodologías activas y manejo de tecnologías digitales. Además, es fundamental que estas
formaciones contemplen la atención a la diversidad cultural y lingüística, el desarrollo de
competencias interculturales y la formación ética y crítica, que permitan a los docentes
abordar los problemas complejos del aula contemporánea.
Es importante promover comunidades de aprendizaje profesional donde los docentes
puedan compartir experiencias, recursos, dificultades y soluciones, generando un espacio
colaborativo que fortalezca el compromiso y la creatividad pedagógica. El acompañamiento
y la tutoría pedagógica son también herramientas valiosas para apoyar la reflexión sobre la
práctica, la experimentación con nuevas metodologías y la mejora continua.
La valoración social y profesional del docente es determinante para motivar y retener
a los mejores profesionales. Por ello, las políticas educativas deben garantizar condiciones
laborales dignas, incentivos para la formación y el desarrollo profesional, y reconocimiento
público de la labor docente.
3.4. Fomento de la lectura crítica, la escritura creativa y la valoración literaria
La lectura y la escritura deben ocupar un lugar central en la enseñanza de la lengua y la
literatura, concebidas no como actividades mecánicas o rutinarias, sino como procesos
dinámicos, creativos y críticos que estimulan la imaginación, el pensamiento y la expresión
personal y social.
Para fomentar la lectura crítica es necesario promover espacios donde los estudiantes
puedan acceder a una variedad amplia y diversa de textos, que incluyan diferentes géneros,
formatos, temas y voces culturales. La lectura debe ser acompañada por actividades de
análisis, interpretación, debate y relación con experiencias propias y contextos sociales, que
permitan desarrollar una comprensión profunda y reflexiva.
Los talleres literarios constituyen un espacio privilegiado para el desarrollo de la
escritura creativa, donde los estudiantes pueden experimentar con diferentes formas y estilos,
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compartir sus textos, recibir retroalimentación y construir comunidad. Estas experiencias
fortalecen la autonomía, la confianza y la sensibilidad estética.
También es fundamental fomentar la valoración literaria, promoviendo el gusto por la
lectura y la apreciación de la literatura como expresión cultural y forma de conocimiento.
Actividades como clubes de lectura, encuentros con autores, concursos literarios y proyectos
artísticos contribuyen a crear una cultura escolar que celebre la literatura y estimule la
participación.
La evaluación en estas áreas debe ser formativa y centrada en los procesos,
reconociendo el esfuerzo, la creatividad, la reflexión y el progreso individual, más allá de la
corrección formal.
3.5. Políticas educativas y recursos para fortalecer la enseñanza
La mejora sostenida y generalizada de la enseñanza de la lengua y la literatura requiere un
marco de políticas educativas que reconozcan su importancia estratégica en la formación
integral de los estudiantes y en el desarrollo social y cultural del país.
Estas políticas deben garantizar la asignación suficiente de tiempo curricular para las
áreas lingüísticas y literarias, así como la dotación de materiales actualizados, pertinentes y
culturalmente diversos. También deben promover la inversión en infraestructura tecnológica
y en programas de formación docente continua.
Es necesario fomentar la articulación entre los distintos niveles educativos, desde la
educación inicial hasta la secundaria, para asegurar la coherencia y continuidad en el
aprendizaje del lenguaje y la literatura.
Además, la investigación educativa debe ser estimulada para generar conocimientos y
prácticas innovadoras que retroalimenten la enseñanza y la formulación de políticas.
Finalmente, la participación activa de la comunidad educativa docentes,
estudiantes, familias y organizaciones culturales es fundamental para construir una
educación lingüística y literaria que sea significativa, inclusiva y de calidad.
CONCLUSIONES
La enseñanza de la lengua y la literatura constituye un campo fundamental para la formación
integral de los estudiantes, al promover el desarrollo de competencias comunicativas,
cognitivas, culturales y éticas que son indispensables para su éxito académico y social. Sin
embargo, como se ha analizado, esta enseñanza enfrenta numerosos desafíos derivados de
enfoques pedagógicos tradicionales, la creciente diversidad cultural y lingüística en las aulas,
limitaciones en la formación docente y la necesidad de incorporar las tecnologías digitales de
manera crítica y creativa.
Los enfoques tradicionales, centrados en la memorización y el análisis formal de la
lengua y la literatura, resultan insuficientes para responder a las demandas actuales, pues
fragmentan el aprendizaje y desmotivan a los estudiantes. Por ello, es imprescindible adoptar
perspectivas teóricas que entiendan la lengua como práctica social y herramienta cognitiva, y
la literatura como experiencia estética, ética y cultural, que promueven el uso funcional del
lenguaje y la lectura crítica, creativa y reflexiva.
La atención a la diversidad cultural, lingüística y cognitiva es clave para garantizar la
inclusión y equidad en el aprendizaje, lo que requiere estrategias pedagógicas diferenciadas,
la incorporación de textos y voces plurales, y el desarrollo de competencias interculturales en
los docentes. Asimismo, la integración de tecnologías digitales debe ir más allá del uso
instrumental, para convertirse en un espacio de producción, colaboración y reflexión que
potencie la comunicación y la creatividad.
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La formación continua y contextualizada de los docentes, junto con políticas educativas que
reconozcan la centralidad de la lengua y la literatura, son condiciones indispensables para
transformar las prácticas educativas. Es necesario fomentar ambientes de aprendizaje activos,
colaborativos y críticos, que estimulen la lectura, la escritura y la valoración literaria desde
una perspectiva integral y enriquecedora.
La mejora de la enseñanza de la lengua y la literatura debe concebirse como un proceso
dinámico, que involucra a toda la comunidad educativa y que se adapta a los contextos y
necesidades cambiantes. Solo así será posible formar estudiantes competentes, creativos y
comprometidos, capaces de comunicarse, pensar críticamente y participar activamente en la
sociedad.
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