ISSN 3103-1129
Septiembre, 2025
Vol. 3, No. 6, 131-142
https://doi.org/10.53877/910fb916
KIRIA, 3(6), 2025 Revista Científica Multidisciplinaria
https://revistasfiecyt.com/index.php/kiria
Estrategia didáctica para la enseñanza de la Cultura Física en educación
básica
Didactic strategy for teaching Physical Culture in basic education
Diego Ramiro Urresta Paillacho
Magister en Innovación en Educación. Unidad Educativa Tres de Diciembre. Ecuador.
diego.urresta@educacion.gob.ec
https://orcid.org/0009-0007-4961-7107
Fausto Alexander Lanchimba Pineida
Magister en Educación Física y Deportes. Unidad Educativa Fiscal "24 de Julio". Ecuador.
fausto.lanchimba@educacion.gob.ec
https://orcid.org/0009-0008-0390-1310
Cristian Patricio Villa Alvarez
Tecnólogo en Actividad Física Deportes y Recreación. Unidad Educativa Tres de Diciembre. Ecuador.
cristian.villa@educacion.gob.ec
https://orcid.org/0009-0001-0267-4661
William Andrés Solórzano Martínez
Licenciado en Ciencias de la Educación Especialidad Educación Física. Investigador Independiente. Ecuador.
solorzanow84@gmail.com
https://orcid.org/0009-0003-9589-5811
Fecha de recepción: 14 de junio de 2025
Fecha de aceptación: 16 de agosto de 2025
Fecha de publicación: 15 de septiembre de 2025
Como citar: Urresta-Paillacho, D. R., Lanchimba-Pineida, F. A., Villa-Alvarez, C. P. y Solórzano-Martínez, W. A.
(2025). Estrategia didáctica para la enseñanza de la Cultura Física en educación sica. KIRIA: Revista Científica
Multidisciplinaria. 3(6), pp. 131-142. https://doi.org/10.53877/910fb916
RESUMEN
La enseñanza de la cultura física en la educación básica constituye un pilar fundamental para
el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, al promover no solo el desarrollo de la
motricidad y la salud, sino también al desarrollo de valores y competencias socioemocionales
fundamentales para la vida. Sin embargo, las prácticas pedagógicas tradicionales
generalmente están limitadas a la ejecución de rutinas mecánicas y actividades poco
motivadoras, lo que reduce el impacto formativo de esta área. Este artículo propone una
estrategia didáctica orientada a fortalecer la enseñanza de la cultura física mediante un
enfoque lúdico, inclusivo y socio-constructivista. Esta propuesta está dividida en las 5
siguientes fases: diagnóstico inicial, planificación de actividades, desarrollo de la práctica,
evaluación formativa y retroalimentación. Con ello se busca favorecer la participación activa
del estudiantado, la adquisición de hábitos saludables, el fortalecimiento de la cooperación y
el respeto, así como la integración de la cultura física con otras áreas del currículo escolar. Se
concluye que la implementación de esta estrategia potencia el aprendizaje significativo y
estimula la formación de ciudadanos más activos, responsables y conscientes de la
importancia del bienestar físico y social.
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PALABRAS CLAVE: cultura física, educación básica, estrategia didáctica, motricidad,
hábitos saludables, formación integral.
ABSTRACT
The teaching of physical culture in elementary education is a fundamental pillar for the
holistic development of children and teenagers. It promotes not only motor skills and health,
but also the development of values and socio-emotional competencies that are essential to life.
However, traditional pedagogical practices are generally limited to the execution of
mechanical routines and unmotivated activities, which reduces the formative impact in this
area. This article proposes a didactic strategy aimed at strengthening the teaching of physical
culture through a playful, inclusive, and social constructivist approach. This proposal is
categorized into five phases: initial diagnosis, activity planning, practice development,
formative assessment, and feedback. This aims to foster students’ active participation, to
promote the adoption of healthy habits, to strengthen cooperation and respect, and to
integrate physical culture with other areas of the school curriculum. The conclusion reached
is that implementing this strategy enhances meaningful learning and promotes the
development of more active, responsible citizens who are aware of the importance of both
physical and social well-being.
KEYWORDS: physical culture, elementary education, didactic strategy, motor skills,
healthy habits, holistic development.
INTRODUCCIÓN
La educación básica constituye uno de los pilares más importantes en la formación de las
nuevas generaciones, ya que en ella se sientan las bases del desarrollo integral de niñas, niños
y adolescentes (UNESCO, 2021). Este nivel educativo no solo tiene la misión de transmitir
conocimientos académicos, sino también de contribuir a la formación de competencias y
valores que permitan a los estudiantes desenvolverse de manera activa, responsable y
saludable en la sociedad (Ministerio de Educación del Ecuador, 2022). Dentro de este
propósito, la cultura física ocupa un lugar central al promover la actividad motriz, la
conciencia corporal, el cuidado de la salud y la construcción de hábitos de vida que favorecen
el bienestar físico, emocional y social (García & López, 2020).
La noción de cultura física supera al hecho de practicar del deporte o realizar diferentes
rutinas de ejercicio físico. Implica un conjunto de saberes, prácticas y actitudes relacionadas
con el movimiento humano, la salud y la recreación, que tienen como finalidad mejorar la
calidad de vida de las personas (Le Boulch, 2001). En el entorno escolar, la enseñanza de la
cultura física otorga a los estudiantes la oportunidad de trabajar dimensiones
complementarias de la formación, desde la adquisición de habilidades motoras básicas hasta
la promoción de valores como la solidaridad, la cooperación y el respeto a las reglas
(Contreras, 2018). Además, también se encarga de fomentar la autorregulación emocional, la
autoestima y la convivencia pacífica, contribuyendo a la construcción de una ciudadanía
responsable y consciente de la importancia de la actividad física en la vida diaria (Ruiz &
Hernández, 2021).
No obstante, pese a su alta relevancia, la enseñanza de la cultura física aún no se valora
adecuadamente en muchos contestos educativos. Es percibida, con frecuencia como un
espacio marginal del currículo, el cual queda relegado frente a asignaturas consideradas
“centrales”, como matemáticas, lengua, entre otras. Esta percepción reduccionista conduce a
prácticas pedagógicas rutinarias que se centran en la repetición mecánica de ejercicios, sin
lograr una verdadera conexión con la vida cotidiana del estudiante ni despertar un interés
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sostenido por la actividad física (Pérez & Martínez, 2020). En consecuencia, muchos
estudiantes desarrollan actitudes de apatía hacia las clases de educación física, y se pierde la
posibilidad de generar aprendizajes significativos que fortalezcan tanto el bienestar personal
como la integración social (González & Valdés, 2022).
Asimismo, un gran reto que enfrenta la enseñanza de la cultura física en la educación
básica es la falta de estrategias didácticas innovadoras y diversificadas (Cañizares, 2021).
Generalmente, las actividades son diseñadas de manera homogénea, sin tomar en cuenta la
diversidad de habilidades, intereses y necesidades del alumnado. Ello dificulta la
participación plena de todos los estudiantes, por lo que se limita el desarrollo de experiencias
inclusivas. Es importante tener en cuenta que, en una era marcada por el acceso a tecnologías
digitales y por cambios en los estilos de vida de la infancia y adolescencia, resulta necesario
que la cultura física se replantee desde un enfoque contemporáneo que integre recursos
didácticos actualizados, promueva el uso responsable de las TIC y responda a los desafíos de
la sociedad actual, como el sedentarismo y los problemas de salud asociados a él (OMS, 2020;
Álvarez & Torres, 2022).
Por ello, es imprescindible diseñar e implementar diversas estrategias didácticas para
fortalecer la enseñanza de la cultura física en la educación básica, entendida esta no como un
espacio accesorio, sino como un componente transversal de la formación integral (Moreno &
Vera, 2021). El desarrollo de una estrategia didáctica bien planificada puede permitir que las
actividades de cultura física se conviertan en experiencias significativas, motivadoras e
inclusivas, capaces de despertar en los estudiantes el gusto por el movimiento, el juego y la
vida activa (Flores, 2023). Asimismo, puede contribuir a consolidar aprendizajes que
trasciendan el ámbito escolar y se reflejen en la vida familiar, comunitaria y social de los
estudiantes (Delgado & Sánchez, 2022).
La propuesta de este artículo se fundamenta en un enfoque socio-constructivista, el
cual reconoce el papel protagónico de los estudiantes en la construcción de su propio
aprendizaje. Desde esta perspectiva, el docente debe actuar como un mediador que organiza,
orienta y facilita experiencias de movimiento y convivencia, en lugar de limitarse a dirigir
prácticas gidas o descontextualizadas. Para alcanzar el aprendizaje significativo se debe
conseguir que los estudiantes puedan relacionar los contenidos de la cultura física con su vida
diaria, sus intereses y sus necesidades, generando un proceso educativo más auténtico y con
mayor proyección hacia la formación de bitos duraderos (Novak, 2010; Moreno & Vera,
2021).
La estrategia didáctica que aquí se propone se organiza en cinco fases
complementarias: diagnóstico inicial, planificación de actividades, desarrollo de la práctica,
evaluación formativa y retroalimentación. En la primera fase se busca identificar las
características y necesidades del grupo, a como los intereses y condiciones de los
estudiantes. La planificación de actividades, por su parte, integra dinámicas lúdicas, juegos
cooperativos, retos motores y propuestas adaptadas para la diversidad estudiantil (Contreras,
2018). El desarrollo de la práctica contempla sesiones estructuradas en las que se promueva el
movimiento activo, la creatividad, la resolución de problemas y la integración de valores (Ruiz
& Hernández, 2021). La evaluación formativa se plantea como un proceso continuo que
permite observar los avances en el ámbito motor, social y actitudinal, favoreciendo la
autoevaluación y la coevaluación (Black & Wiliam, 2009). Finalmente, la retroalimentación
constituye un espacio para ajustar y enriquecer la propuesta, asegurando su pertinencia y
eficacia. De esta manera, la enseñanza de la cultura física es concebida como un proceso
dinámico el cual va más allá de los logros deportivos o del perfeccionamiento de técnicas
motrices. Es una oportunidad para educar en el respeto, la disciplina, la solidaridad y el
cuidado del propio cuerpo, aspectos esenciales en la construcción de una educación integral
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y de una ciudadanía consciente (Le Boulch, 2001; UNESCO, 2021). Al mismo tiempo, esta
propuesta reconoce la necesidad de vincular la cultura física con otros ejes curriculares,
fortaleciendo la interdisciplinariedad y contribuyendo a aprendizajes globales que preparen
a los estudiantes para enfrentar los retos del presente y del futuro (Delgado & Sánchez, 2022).
Este artículo tiene el propósito de fundamentar teóricamente esta propuesta didáctica,
describir sus fases de implementación y analizar los beneficios esperados en el contexto de la
educación básica. Con ello se busca aportar a la reflexión pedagógica sobre la importancia de
reestructurar la enseñanza de la cultura física como una práctica inclusiva, innovadora y
pertinente, capaz de impulsar el desarrollo integral del estudiantado y de promover un
compromiso genuino con la actividad física y el bienestar personal y social (González &
Valdés, 2022).
MÉTODOS Y MATERIALES
El estudio se enmarca en un enfoque cualitativo con alcance descriptivopropositivo, el cual
tiene como objetivo diseñar y fundamentar una estrategia didáctica para la enseñanza de la
cultura física en la educación básica. Se opto por este enfoque ya que permite comprender la
realidad educativa desde la práctica misma, reconocer sus problemáticas y, a partir de allí,
proponer alternativas de mejora que respondan a las necesidades del contexto escolar
(Hernández-Sampieri et al., 2018). Asimismo, se optó por un diseño de investigaciónacción
pedagógica, que resulta pertinente cuando se busca que los docentes reflexionen sobre su
práctica, se conviertan en agentes transformadores y generen cambios significativos en los
procesos de enseñanza y aprendizaje (Kemmis & McTaggart, 2005).
La propuesta fue desarrollada en el marco de la educación básica, considerando tanto
el nivel primario como el secundario. El grupo de aplicación piloto estuvo conformado por
sesenta estudiantes con edades comprendidas entre los ocho y los trece años, pertenecientes
a una institución educativa urbana, además de dos docentes de educación física que
participaron de manera activa en el diseño y aplicación de las actividades. También se
involucró a un grupo de padres de familia, quienes colaboraron como observadores y
apoyaron la consolidación de hábitos saludables en el hogar.
Para la recolección de información se recurrió a técnicas cualitativas que facilitaron la
comprensión del fenómeno educativo en su totalidad. La observación participante permitió
identificar el nivel de motivación y las actitudes de los estudiantes frente a las clases de
educación física, mientras que las entrevistas semiestructuradas con los docentes sirvieron
para reconocer las principales dificultades y expectativas en la enseñanza de la cultura física.
Asimismo, se aplicaron cuestionarios abiertos a los estudiantes, con el fin de explorar sus
intereses y percepciones, y se utilizaron diarios de campo para sistematizar las experiencias y
registrar de manera detallada los avances y dificultades surgidas en la práctica.
El procedimiento metodológico incluyó cuatro momentos complementarios:
diagnóstico inicial, diseño de la estrategia, implementación y evaluación. En el diagnóstico
inicial se identificaron las prácticas pedagógicas predominantes, el nivel de participación del
alumnado y los recursos disponibles en la institución (Castejón, 2019). A partir de este análisis
se diseñó la estrategia didáctica, definiendo objetivos pedagógicos alineados al currículo y
planificando actividades lúdicas, cooperativas y recreativas que integraran retos motores y el
uso de recursos tecnológicos (Flores, 2023). Posteriormente, se llevó a cabo la implementación
a través de seis sesiones de clase de cuarenta y cinco minutos, en las que se promovió la
participación activa de los estudiantes, el trabajo en equipo y la construcción de valores como
el respeto, la cooperación y la disciplina (Pérez & Martínez, 2020). Finalmente, se realizó la
evaluación y retroalimentación del proceso, utilizando bricas de desempeño, revisión de
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diarios de campo y espacios de reflexión colectiva que permitieron valorar los logros
obtenidos y señalar los aspectos susceptibles de mejora (Black & Wiliam, 2009).
La investigación respetó en todo momento los principios éticos que garantizan la
voluntariedad y el consentimiento informado de los participantes, asegurando la
confidencialidad de la información y preservando el anonimato de los estudiantes y docentes
(Código de Núremberg, 1947; UNESCO, 2016). La validez de la propuesta se fortalec
mediante la triangulación de técnicas e informantes, que permitió contrastar y enriquecer los
hallazgos a partir de diversas fuentes de información (Denzin, 2012). Asimismo, la
confiabilidad del estudio se garantizó a través de la sistematización rigurosa de la experiencia
y la discusión de resultados con los docentes participantes, quienes validaron la pertinencia
de la estrategia diseñada y ofrecieron sugerencias para su mejora continua (Flick, 2015).
En síntesis, la metodología empleada permitió articular la reflexión crítica con la acción
pedagógica, dando lugar a una propuesta de estrategia didáctica contextualizada, inclusiva y
adaptable a diferentes escenarios de la educación básica, que busca revitalizar la enseñanza
de la cultura física y fortalecer su contribución a la formación integral del estudiantado
(Moreno & Vera, 2021).
Estrategia didáctica propuesta
La estrategia didáctica que se plantea para la enseñanza de la cultura física en la educación
básica responde a la necesidad de superar modelos tradicionales centrados en la instrucción
repetitiva, el rendimiento competitivo y la visión reduccionista de la actividad física como un
conjunto de ejercicios descontextualizados (Devís & Peiró, 1992). En su lugar, se busca
consolidar un enfoque integral, dinámico e inclusivo, que considere a los estudiantes como
protagonistas de su propio aprendizaje y al docente como mediador que diseña, orienta y
retroalimenta experiencias significativas (Coll, 2009; Vygotsky, 1978). Esta propuesta se
fundamenta en principios socio-constructivistas, en la teoría del aprendizaje significativo de
Ausubel y en la concepción de la motricidad como una dimensión esencial del desarrollo
humano, tal como lo plantean autores como Le Boulch y Contreras (Ausubel, 2002; Le Boulch,
2001; Contreras, 2018). Desde esta perspectiva, la cultura física no solo se limita al desarrollo
motriz, sino que involucra el cuidado de la salud, la recreación, la interacción social, la
construcción de valores y la formación de hábitos de vida activa que trascienden la escuela y
se proyectan hacia la vida cotidiana (Ruiz & Hernández, 2021).
Diagnóstico inicial de la estrategia
Un primer aspecto esencial de la estrategia es la importancia del diagnóstico inicial. Muchas
propuestas pedagógicas fracasan porque parten de esquemas rígidos que no consideran la
diversidad del alumnado ni las condiciones reales del contexto (Castejón, 2019). El diagnóstico
permite conocer las características físicas, emocionales y sociales de los estudiantes, así como
sus intereses, motivaciones y experiencias previas en torno a la actividad física (García &
López, 2020). A su vez, posibilita identificar recursos materiales, espacios disponibles y
limitaciones institucionales que condicionan la práctica. Con esta información es posible
diseñar actividades pertinentes, adaptadas a la realidad concreta y capaces de generar mayor
motivación (Moreno & Vera, 2021). El diagnóstico no debe concebirse como una evaluación
puntual, sino como un proceso permanente de observación y diálogo que oriente de manera
continua las decisiones pedagógicas (Angrosino, 2012).
Planificación de actividades de la estrategia
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A partir de lo anterior se desarrolla la planificación de actividades, concebida como un
proceso creativo y flexible que integra dimensiones lúdicas, cognitivas y socioemocionales
(Delgado & Sánchez, 2022). El juego se convierte en la herramienta central de la propuesta,
pues a través de él los estudiantes exploran su motricidad, aprenden a trabajar en equipo,
asumen reglas de convivencia y desarrollan la capacidad de resolver problemas en situaciones
cambiantes (Piaget, 1972; Huizinga, 2007). Los circuitos motores, las dinámicas cooperativas
y los retos grupales permiten vincular la actividad física con el aprendizaje de valores como
la solidaridad, el respeto y la responsabilidad compartida (González & Valdés, 2022). A
diferencia de las prácticas centradas exclusivamente en la competencia, esta estrategia busca
que todos los estudiantes encuentren un espacio de participación y disfrute, de modo que el
éxito no se mida únicamente en términos de rendimiento físico, sino en la capacidad de
integrarse, colaborar y aprender de la experiencia (UNESCO, 2021).
Otro argumento que sustenta la estrategia es la necesidad de integrar recursos
tecnológicos y elementos de gamificación para responder a las características de las nuevas
generaciones (Flores, 2023). El uso de aplicaciones para registrar pasos o movimientos, videos
que ilustren actividades recreativas y plataformas que incentiven el cumplimiento de retos
físicos puede aumentar la motivación y favorecer la continuidad de la práctica fuera del
horario escolar (Prensky, 2011). Sin embargo, la incorporación de las TIC no se plantea como
un fin en sí mismo, sino como un medio para enriquecer la enseñanza, generar mayor
atractivo y conectar la cultura física con los intereses contemporáneos de los estudiantes
(Salinas, 2012).
Desarrollo de la práctica
En la fase de desarrollo de las actividades, la estrategia se concreta en sesiones de clase que
combinan movimiento, reflexión y convivencia. El docente orienta los procesos a través de
consignas claras, pero también ofrece espacios de exploración libre donde los estudiantes
puedan crear nuevas formas de movimiento y asumir roles de liderazgo (Kemmis &
McTaggart, 2005). Esta forma de trabajo fomenta la autonomía, la creatividad y la capacidad
crítica (Freire, 1970), aspectos que fortalecen no solo la dimensión física, sino también la
formación de competencias sociales y cognitivas. Se prioriza, además, la adaptación de las
actividades para atender la diversidad, reconociendo que cada estudiante tiene diferentes
ritmos de aprendizaje, condiciones físicas y motivaciones (Álvarez & Torres, 2022). Esta
flexibilidad garantiza la inclusión y evita la reproducción de prácticas excluyentes que han
sido frecuentes en la educación física tradicional (Devís & Peiró, 1992).
Evaluación formativa y retroalimentación
La evaluación constituye otro pilar de la estrategia y se plantea desde una perspectiva
formativa. Evaluar no significa únicamente medir el rendimiento físico o la perfección en la
ejecución de un movimiento, sino valorar la participación, el esfuerzo, la capacidad de
cooperación, la adquisición de bitos saludables y la disposición para el trabajo en equipo
(Black & Wiliam, 2009). Para ello se proponen herramientas como rúbricas, diarios de
reflexión, autoevaluaciones y coevaluaciones, que promueven la conciencia crítica del
estudiante sobre sus propios avances y favorecen la corresponsabilidad en el aprendizaje
(Sadler, 1989; Panadero & Alonso-Tapia, 2013). Con ello se evita la visión punitiva de la
evaluación y se refuerza su función orientadora y de mejora continua.
La retroalimentación, entendida como un espacio de diálogo horizontal entre docentes
y estudiantes, se convierte en un componente fundamental para el éxito de la estrategia. A
través de la retroalimentación se identifican fortalezas, debilidades y oportunidades de
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mejora, lo que permite ajustar las actividades y enriquecer la propuesta (Hattie & Timperley,
2007). Además, este espacio fomenta la participación activa del alumnado, que no solo recibe
instrucciones, sino que también tiene la posibilidad de expresar sus percepciones y proponer
alternativas. Esta dinámica fortalece la motivación, refuerza el sentido de pertenencia y
consolida la cultura de la participación democrática en el ámbito escolar (González & Valdés,
2022).
En términos generales, la estrategia didáctica propuesta se sostiene en varios
argumentos pedagógicos centrales. En primer lugar, responde a la necesidad de articular la
cultura física con la formación integral, trascendiendo la dimensión motriz para vincularla
con la salud, los valores y la convivencia (Le Boulch, 2001; UNESCO, 2021). En segundo lugar,
se fundamenta en la inclusión y la equidad, al reconocer y atender la diversidad del alumnado
y garantizar que todos los estudiantes encuentren un espacio de participación significativa
(Ainscow, 2020). En tercer lugar, se apoya en el carácter lúdico y cooperativo del aprendizaje,
lo que incrementa la motivación y convierte la experiencia en un proceso atractivo y relevante
para la vida (Contreras, 2018). Finalmente, se basa en la innovación metodológica y el uso de
recursos actualizados, incluyendo las TIC y la gamificación, lo que facilita la conexn con los
intereses y contextos de las nuevas generaciones (Flores, 2023; Gee, 2017).
En síntesis, la estrategia dictica propuesta no se limita a ofrecer actividades aisladas,
sino que constituye un modelo integral que combina diagnóstico, planificación flexible,
desarrollo lúdico y cooperativo, evaluación formativa y retroalimentación constante. Se trata
de una propuesta orientada a transformar la enseñanza de la cultura física en educación básica
en una experiencia significativa, inclusiva y pertinente, capaz de generar aprendizajes
duraderos, consolidar hábitos de vida activa y contribuir de manera efectiva a la formación
de ciudadanos saludables, críticos y responsables con su bienestar y el de la comunidad
(Moreno & Vera, 2021; Delgado & Sánchez, 2022).
DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos a partir de la aplicación de la estrategia didáctica en cultura física
evidencian un cambio significativo en la manera en que los estudiantes se relacionan con la
actividad física y con sus pares en el entorno escolar. A diferencia de lo que ocurre en
metodologías tradicionales, centradas en la repetición mecánica de ejercicios y en la
evaluación del rendimiento físico, se observó un incremento en la motivación y la disposición
hacia la participación activa, lo cual confirma la pertinencia de incorporar enfoques lúdicos,
cooperativos e inclusivos (Deci & Ryan, 2000; Contreras, 2018). Este hallazgo se encuentra en
consonancia con investigaciones previas que señalan que el juego y la interacción social
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constituyen herramientas efectivas para fortalecer no solo la motricidad, sino también la
autoestima, la confianza y la capacidad de trabajar en equipo (Díaz Barahona & Castejón, 2019;
Moreno & Vera, 2021).
Un aspecto central que emergió de la experiencia fue el reconocimiento de la
diversidad del alumnado como un valor y no como un obstáculo. La estrategia, al priorizar la
flexibilidad y la adaptación de actividades, permitió que estudiantes con diferentes niveles de
habilidad, condiciones físicas y motivaciones pudieran participar de manera equitativa. En
lugar de reproducirse prácticas excluyentes, la propuesta generó espacios donde cada
estudiante encontró la oportunidad de aportar desde sus posibilidades, fortaleciendo la
inclusión y la cohesión grupal (Ainscow, 2020; González & Valdés, 2022). Este resultado
resalta la importancia de concebir la cultura física desde una perspectiva de equidad, en la
que el éxito no se mide únicamente en términos de desempeño atlético, sino en la capacidad
de integrarse, disfrutar y aprender colectivamente (UNESCO, 2021).
La incorporación de herramientas de evaluación formativa representó otro de los
aportes relevantes, pues permitió visibilizar progresos que van s allá del rendimiento
físico. A través de autoevaluaciones, coevaluaciones y retroalimentaciones constantes, los
estudiantes lograron identificar sus avances en aspectos como la responsabilidad, la
cooperación y el respeto de normas, lo que confirma la validez de comprender la evaluación
como un proceso orientador y no únicamente como una instancia de calificación (Black &
Wiliam, 2009; Panadero & Alonso-Tapia, 2013). Este enfoque coincide con las tendencias
pedagógicas actuales que abogan por una evaluación integral, formativa y participativa,
centrada en el proceso más que en el producto final (Sadler, 1989; Hattie & Timperley, 2007).
Asimismo, se identificó un impacto positivo en la construcción de bitos saludables
y en la transferencia de aprendizajes al ámbito cotidiano. Los estudiantes manifestaron mayor
conciencia sobre la importancia de la actividad física para el bienestar integral, lo que se
tradujo en la práctica de ejercicios fuera del horario escolar y en el interés por compartir estas
experiencias con sus familias (Ruiz & Hernández, 2021; Delgado & nchez, 2022). Este
resultado es particularmente relevante, ya que refleja la capacidad de la escuela de incidir en
la vida más allá de sus muros, consolidando aprendizajes con impacto social y comunitario
(UNESCO, 2016). La cultura física, en este sentido, deja de ser una asignatura aislada para
convertirse en un eje articulador del desarrollo humano (Le Boulch, 2001).
La implementación de recursos tecnológicos y dinámicas de gamificación generó
resultados dispares. Mientras que algunos estudiantes se mostraron altamente motivados por
el uso de aplicaciones y retos digitales, otros mantuvieron una preferencia por las actividades
tradicionales de carácter presencial. Esta diversidad de respuestas pone en evidencia que la
tecnología puede ser un recurso potenciador, pero no sustituye el valor del contacto humano,
del juego compartido y de la interacción directa (Gee, 2017; Flores, 2023). La discusión de estos
resultados lleva a considerar que la incorporación de TIC debe ser equilibrada, evitando caer
en un uso excesivo que desplace la dimensión relacional de la práctica (Cabero-Almenara &
Llorente-Cejudo, 2020).
Un hallazgo transversal a lo largo de la experiencia fue el fortalecimiento de la
convivencia escolar. Al estructurarse las actividades en torno a la cooperación y no
únicamente a la competencia, los estudiantes desarrollaron actitudes de apoyo mutuo,
solidaridad y respeto. Esta dimensión socioemocional, frecuentemente relegada en la
enseñanza de la educación física, se convirtió en un motor para la cohesión del grupo y para
la formación de ciudadanos responsables (Bisquerra, 2009; Goleman, 1995). El resultado
confirma la hipótesis de que la cultura física puede y debe ser un espacio privilegiado para el
desarrollo de habilidades socioemocionales, lo que la convierte en un recurso pedagógico
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fundamental en el marco de la educación integral (González & Valdés, 2022; Moreno & Vera,
2021).
La estrategia, sin embargo, también evidenció limitaciones que deben ser analizadas
críticamente. Una de ellas fue la dificultad de garantizar la participación equitativa en
contextos donde los recursos materiales son escasos o los espacios disponibles resultan
insuficientes. Aunque la creatividad del docente y la flexibilidad de la propuesta permitieron
superar parcialmente estas limitaciones, se reconoce la necesidad de fortalecer la
infraestructura y el apoyo institucional para maximizar los beneficios de la estrategia
(Castejón, 2019; Álvarez & Torres, 2022). Del mismo modo, algunos estudiantes inicialmente
mostraron resistencia a abandonar la lógica competitiva que tradicionalmente ha dominado
la educación física, lo que requirió un proceso gradual de sensibilización y adaptación
(Contreras, 2018). Estos desafíos ponen de manifiesto que toda innovación pedagógica
requiere tiempo, acompañamiento y sostenibilidad para consolidarse plenamente (Kemmis &
McTaggart, 2005).
En síntesis, la discusión de resultados permite afirmar que la estrategia didáctica
implementada contribuyó a transformar la percepción y la práctica de la cultura física en la
educación básica, pasando de un enfoque centrado en el rendimiento a otro orientado al
disfrute, la inclusión y la formación integral. Los hallazgos corroboran la pertinencia de
concebir la actividad física como un espacio para el aprendizaje cooperativo, la convivencia
democrática y la promoción del bienestar (Delgado & Sánchez, 2022). Al mismo tiempo,
invitan a reflexionar sobre la importancia de consolidar políticas institucionales que respalden
la innovación pedagógica, brinden recursos adecuados y fortalezcan la capacitación docente
para garantizar la sostenibilidad y la expansión de este tipo de propuestas (UNESCO, 2021;
Hernández-Sampieri et al., 2018).
CONCLUSIONES
La implementación de la estrategia didáctica demuestra que la enseñanza de la cultura física
puede trascender la mera ejecución de ejercicios o la competencia deportiva, constituyéndose
en un espacio de formación integral que favorece el desarrollo motriz, socioemocional y
cognitivo de los estudiantes. La inclusión de dinámicas lúdicas, cooperativas y reflexivas
permite que los aprendizajes sean significativos, motivadores y sostenibles en el tiempo,
consolidando hábitos de vida activa y saludables.
La estrategia evidencia la importancia de atender la diversidad del alumnado,
adaptando actividades a diferentes niveles de habilidad, intereses y condiciones físicas. Esta
flexibilidad promueve la equidad y la inclusión, asegurando que todos los estudiantes puedan
participar plenamente y desarrollar sus competencias, lo que refuerza la cohesión grupal y
fortalece valores como el respeto, la solidaridad y la cooperación.
La evaluación formativa y la retroalimentación continua se constituyen en
herramientas esenciales para garantizar la mejora del aprendizaje y la práctica docente. Al
priorizar la observación del proceso, la reflexión crítica y la corresponsabilidad del estudiante
en su propio desarrollo, se consolida un modelo pedagógico que no se limita a calificar el
rendimiento, sino que orienta y potencia el aprendizaje integral en todas sus dimensiones.
La estrategia propuesta demuestra que la cultura física tiene un papel central en la
educación básica, al articular el aprendizaje motriz con la salud, la convivencia, los valores y
la vida cotidiana. Su implementación promueve la participación activa, fortalece la
motivación intrínseca y contribuye a la formación de ciudadanos responsables, críticos y
comprometidos con su bienestar personal y el de la comunidad, evidenciando que la
educación física puede ser un eje transversal clave en la formación integral.
Estrategia didáctica para la enseñanza de la Cultura Física en educación básica
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