
Uso de canciones como estrategia para mejorar la pronunciación y el vocabulario en la asignatura de Inglés
KIRIA, 3(6), 143-159
ISSN 3103-1129
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El ritmo y la melodía, componentes que caracterizan a la música, facilitan, por lo mismo, la
adquisición de la pronunciación. Los niños, al repetir frases de acuerdo con un patrón rítmico
adecuado, interiorizan la prosodia de la lengua, su acento y entonación natural (Sevik, 2014).
Esto es importante en inglés, puesto que su musicalidad es totalmente diferente a la de nuestra
lengua. Con el uso de canciones, los estudiantes aprenden sin mayor esfuerzo a diferenciar
sílabas acentuadas de sílabas inacentuadas, a hacer pausas naturales y a imitar la entonación
que les es característica.
Por lo que se refiere al vocabulario, las canciones suponen un banco léxico que se repite
de forma habitual en un contexto narrativo o emocional. Las letras de las canciones contienen
expresiones cotidianas, frases hechas y palabras de uso frecuente, lo que hace que los
estudiantes las aprendan sin tener la sensación de estar memorizando. Nation (2017) indica
que la adquisición de vocabulario también es más importante cuando las palabras se
presentan en contextos significativos y se repiten muchas veces.
Precisamente las canciones cumplen con estos dos requisitos: ofrecen repetición y
contextualización. Un niño puede escuchar una misma canción decenas de veces y, sin
proponérselo, ir incorporando nuevas palabras a su repertorio.
La música, además, cumple un rol motivacional que no se puede pasar por alto. Cantar
en grupo genera un sentido de comunidad, reduce la ansiedad y fomenta la participación
espontánea. Investigaciones realizadas en aulas de primaria en Latinoamérica han
demostrado que el uso de canciones aumenta la confianza de los estudiantes para expresarse
en inglés, incluso si al inicio muestran temor a equivocarse (Peña & Soler, 2020). Durante el
canto, los errores quedan perdidos entre voces y ritmos, lo que propicia la práctica de forma
más libre y menos inhibida. Otro punto importante es el acceso. A diferencia de otros recursos
tecnológicos que pueden ser costosos o complicados de llevar a cabo en centros con
limitaciones, las canciones son accesibles y fáciles de aplicar. No se requiere más que un
sencillo reproductor o la voz de un docente para poder utilizarlas en el aula. Este aspecto
democratiza el uso de las canciones en el aula, convirtiéndolas en herramientas especialmente
preciadas en contextos como el ecuatoriano, donde no todos los centros tienen laboratorios de
idiomas o conexión a internet estable (Cárdenas & Miranda, 2021). La literatura internacional
ha descrito ampliamente los beneficios de las canciones aplicadas al aprendizaje del inglés. En
un estudio hecho en Turquía, Sevik (2014) mostró que los estudiantes que trabajaron con
canciones de continuo mejoraron de forma significativa la pronunciación y presentaron una
mayor disposición para hablar en inglés. De la misma manera, Lee y Lin (2019) en Corea del
Sur también constataron que la utilización de canciones llevaba a un aumento de la
motivación intrínseca de los estudiantes, lo que se evidenció en el aumento de su rendimiento
en las pruebas de vocabulario. Investigaciones en el mismo sentido que en el caso anterior se
han desarrollado en Colombia, mostrando que las canciones no solo potencian la memoria
léxica, sino que interactúan en la creación de unas condiciones de aprendizaje más inclusivas
y también con un alumnado motivado, generando la participación de estudiantes de
variedades léxicas diferentes (Peña & Soler, 2020).
Las canciones, desde una postura pedagógica, también se vinculan con las
orientaciones comunicativas y activas, ya que no se encuentran en la línea de la repetición y
la memorización, sino que instan a una práctica real de la lengua. En este sentido, el docente
deja de ser un transmisor de contenidos para convertirse en un mediador que va guiando a
los estudiantes en la comprensión del texto de la letra, en la práctica de la pronunciación y en
la reflexión sobre el significado, la connotación, el uso, etc., de las palabras. Así, la canción se
convierte en una situación didáctica completa y global que aborda comprensión auditiva,
producción oral, lectura de la letra y, en ocasiones, producción escrita con pequeñas
reflexiones o la cumplimentación de frases, para dar respuesta al contenido musical.