
Okia Calderón / Nelly Soria / María Gallardo / Lorena Mazón
© 2025, Fundación Internacional para la Educación la Ciencia y la Tecnología, “FIECYT”
ISSN 3103-1129
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están aprendiendo, resignificando el contenido escolar desde su propia experiencia. En ese
sentido, este trabajo pretende contribuir a la discusión sobre cómo aplicar de manera concreta
una teoría pedagógica en aulas con condiciones reales, con sus limitaciones y posibilidades.
Más allá de los resultados numéricos, lo que aquí se busca es rescatar la potencia del
aprendizaje significativo como una vía para humanizar la enseñanza. Porque cuando un niño
logra comprender que el círculo de la lámina es el mismo que aparece en la pelota con la que
juega, o que el concepto de “más grande” se aplica tanto al vaso de su casa como al bloque
que coloca en el aula, se evidencia que el conocimiento no está aislado, sino que forma parte
de su vida. Esa es la esencia del aprendizaje significativo: un conocimiento que se integra, que
transforma y que se recuerda no porque fue impuesto, sino porque encontró un lugar propio
en la mente y en la experiencia del estudiante.
1. Fundamentos de la teoría del aprendizaje significativo de Ausubel
Hablar de aprendizaje significativo implica reconocer que el conocimiento no se recibe de
manera pasiva. Se construye. David Ausubel, psicólogo y pedagogo norteamericano, planteó
que la clave del aprendizaje radica en la forma en que los nuevos contenidos se relacionan con
las estructuras cognitivas que ya posee el estudiante (Ausubel, 2002). Para que un aprendizaje
sea realmente significativo debe ser sustantivo, estable y no arbitrario, es decir, que logre
integrarse de forma coherente en la red de conocimientos previos.
El concepto de organizadores previos es uno de los aportes más relevantes de esta
teoría. Se trata de recursos, pueden ser esquemas, preguntas, ejemplos o relatos, que el
docente utiliza para activar los saberes iniciales y facilitar la integración de lo nuevo. No se
trata de dar pistas superficiales, sino de tender puentes entre lo conocido y lo desconocido.
Cuando un niño va a aprender el concepto de “cuerpo geométrico”, por ejemplo, es más
efectivo partir de los objetos cotidianos que manipula, como una caja de jugo o una pelota,
que presentar de golpe definiciones abstractas.
Ausubel distinguió además entre aprendizaje significativo y aprendizaje memorístico.
El primero implica que los contenidos se integran a la estructura cognitiva de manera
duradera, generando la posibilidad de transferirlos a nuevas situaciones. El segundo, en
cambio, suele perderse con rapidez porque no logra establecer vínculos sólidos con lo ya
aprendido (Novak, 2010). Esta diferencia es fundamental en el ámbito escolar, donde muchas
veces se confunde “repetición correcta” con “aprendizaje logrado”.
En este marco, el rol del docente se redefine. Ya no es el transmisor de información,
sino el mediador que ayuda a conectar los nuevos saberes con los previos. Este cambio de
perspectiva es particularmente importante en la enseñanza de conceptos básicos, donde los
niños traen consigo una enorme riqueza de experiencias informales. Ellos saben lo que es
“más grande” o “más pequeño”, lo que está “encima” o “debajo”, porque lo viven en su
entorno. El desafío del maestro está en organizar esas nociones dispersas y transformarlas en
aprendizajes escolares sistemáticos.
La teoría de Ausubel también dialoga con aportes de la psicología cognitiva.
Investigaciones recientes han demostrado que el cerebro aprende mejor cuando se activan
esquemas previos y se generan conexiones significativas (Mayer, 2019). Esto quiere decir que
la memoria de largo plazo no funciona como un depósito fijo, sino que simula una trama de
relaciones que se hace cada vez más resiliente cada vez que un nuevo conocimiento encuentra
un punto de anclaje.
En resumen, el aprendizaje significativo se estructura en tres pilares; el conocimiento
previo debe ser importante, es necesario que los materiales sean potencialmente significativos
y se necesita que el alumno esté predispuesto para aprender. Cuando se dan estas tres
condiciones, el aprendizaje ya no se recuerda, sino que se entiende y se aplica en la vida diaria.