Marco Muñoz / Jhon Ñaupari / Marlon Ramos
© 2024, Fundación Internacional para la Educación la Ciencia y la Tecnología, “FIECYT”
ISSN 3103-1129
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el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). La misma que es definida como
una afección mental compleja que impacta significativamente en las emociones,
la autoimagen, el comportamiento y las relaciones interpersonales de un
individuo (American Psychiatric Association, 2013). La prevalencia del TLP en la
población general varía en diferentes estudios, pero se estima que oscila entre el
1.4% y el 5.9% (Choudhary & Thapa, 2017). En entornos clínicos, como pacientes
hospitalizados por trastornos de salud mental, la prevalencia puede ser
significativamente mayor, llegando aproximadamente al 20%. En adolescentes,
la prevalencia en la población general es alrededor del 3%, incrementándose
drásticamente en contextos clínicos, como en clínicas ambulatorias (11%) o
servicios de urgencias para adolescentes con ideación suicida (hasta 78%) (MSD
Manuals, s.f.; Mental Health America, s.f.). Es importante destacar que la
comorbilidad con otros trastornos mentales como depresión, abuso de sustancias
y trastornos alimentarios es alta, lo que puede dificultar su diagnóstico.
Adicionalmente el TLP se caracteriza por: inestabilidad emocional, las
personas experimentan cambios de humor intensos y sentimientos crónicos de
vacío (Sadek, 2024). Disfunción interpersonal, las relaciones suelen ser inestables
y se caracterizan por una dependencia extrema y temores al abandono
(Choudhary & Thapa, 2017); Impulsividad, esto incluye la autolesión y el
comportamiento suicida, y entre el 60 y el 70% de las personas han intentado
suicidarse (Bockian, 2017).
Prevalencia del trastorno límite de la personalidad en la población general:
El TLP afecta aproximadamente al 1,6% de la población en los EE.UU., con tasas
variables a nivel mundial 0,7% en Inglaterra, 1,0% en Australia (Bockian, 2017).
Diferencias de género: Aproximadamente el 75% de las personas diagnosticadas
son mujeres, aunque estudios recientes indican que no hay una disparidad de
género significativa en la prevalencia (Choudhary & Thapa, 2017).
Además de ello se caracteriza por un patrón dominante de inestabilidad
en las relaciones interpersonales, la autoimagen y los afectos, acompañado de
una impulsividad intensa. Este patrón comienza en las primeras etapas de la
edad adulta y se manifiesta en diversos contextos (American Psychiatric
Association, 2013; MedlinePlus, s.f.). y según el Manual Diagnóstico y Estadístico
de los Trastornos Mentales, Quinta Edición (DSM-5), para un diagnóstico de TLP,
una persona debe cumplir con al menos cinco de los siguientes nueve criterios:
Esfuerzos desesperados para evitar el abandono, real o imaginado: Esto incluye
acciones extremas para no quedarse solo o ser rechazado, incluso si los miedos
son infundados. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas: Se
caracteriza por una alternancia entre la idealización y la devaluación extremas de
la otra persona. Las relaciones suelen ser caóticas y turbulentas. Alteración de la
identidad: Inestabilidad intensa y persistente de la autoimagen o sentido de sí
mismo. Los intereses y valores pueden cambiar rápidamente, y la persona puede
sentirse como si no existiera o fuera "mala". Impulsividad en dos o más áreas que
son potencialmente dañinas para sí mismo: Esto puede incluir gastos excesivos,
sexo sin protección, abuso de sustancias, conducción imprudente, atracones de
comida o sabotear el éxito. Comportamiento suicida recurrente, gestos o