
Silvia Sefla / Elsa Zurita / Daniel Quishpe / Jacqueline Martínez
RICEd: Revista de Investigación en Ciencias de la Educación, Vol. 3, No 6, julio - diciembre 2025, 135-147 136
Forma sugerida de citar (APA):
Sefla-Paillacho, S. P., Zurita-Mantilla, E. M., Quishpe-Ruiz, D. R. y Martínez-Narváez, J. P. (2025). Uso de
material concreto y manipulativo en la asignatura de matemáticas para mejorar la comprensión de conceptos
abstractos. RICEd: Revista de Investigación en Ciencias de la Educación. 3(6), 135-147.
https://doi.org/10.53877/sxr5da98
INTRODUCCIÓN
En un aula de séptimo de Educación Básica, un docente coloca sobre la mesa bloques de
colores y figuras geométricas. Los estudiantes, intrigados, los agrupan, comparan y organizan.
En otra aula, a unos pocos metros de distancia, un grupo de niños pretende resolver ejercicios
de fracciones sólo con el lápiz y el cuaderno siguiendo instrucciones que se habían aprendido
como un mero caso. Las situaciones que narramos aquí, tienen lugar de manera simultánea,
aunque muestran posturas absolutamente contrarias en la enseñanza de las Matemáticas. Una
que arranca de la experiencia, del hacer, y otra que reclama la abstracción sin puentes
anteriores. En muchas escuelas de este país, la segunda situación es aun la que predomina
sobre la clase de Matemáticas, especialmente en aquellos contextos donde los recursos son
limitados, y las prácticas pedagógicas tienden a los procesos de repetición mecánica en lugar
de la comprensión.
El aprendizaje de las Matemáticas presenta un reto: la dificultad de los alumnos para
acceder a los conceptos abstractos. Nociones como las fracciones, la proporcionalidad, el
volumen, las ecuaciones, etc., suelen ser percibidas como conceptos muy “difíciles” o
“lejanas”, porque la inmensa mayoría de las veces los conceptos se presentan elaborados y sin
significado. Numerosos estudios han demostrado que para aprender Matemáticas con
significado primero debe haber un tránsito de lo concreto a lo abstracto, donde los materiales
manipulativos son clave, ya que permiten que el alumno construya, a partir de las
experiencias, representaciones mentales del contenido (Bruner, 1966; Baroody, Wilkins, 2022).
Estos materiales: regletas, bloques, ábacos, fichas, objetos de uso cotidiano, funcionan como
mediadores entre la acción y el pensamiento, es decir, le ofrecen al alumno un lugar donde
ver, tocar, experimentar (simulando o no) antes de simbolizar.
No obstante, la experiencia internacional y la sugerencia de currículos, el uso habitual
de materiales concretos en el aula de la Educación Básica sigue siendo escaso. En muchos
lugares del mundo, su uso puede considerarse excepcional, dependiente de la curiosidad de
los docentes e inconsistente, por lo que la planificación pedagógica Flexible en contextos
donde no se experimenta formalmente, que puede ser lo que ocurre en las aulas de la
Educación Básica (Pérez & Rueda, 2021), confiriendo así una escasa intensidad a la
implementación de los materiales). Esta situación incide en el rendimiento académico, donde
las evaluaciones nacionales del sistema educativo (como las pruebas realizadas por el Instituto
Nacional de Evaluación Educativa (INEVAL, 2023) indican bajo rendimiento en el
razonamiento lógico-matemático, en el sentido de que un gran porcentaje de los estudiantes
resuelve las operaciones sin saber cuál es su significado, evidenciando dificultades para
contextualizar las matemáticas.
Además, la problemática no solo afecta al aprendizaje inmediato, sino que plantea
problemas a largo plazo. El hecho de no ofrecer oportunidades de aprendizaje de los
conceptos básicos de la Educación Básica impide el desarrollo de habilidades para el
razonamiento lógico y la resolución de problemas, habilidades básicas para remontar las
exigencias que la educación secundaria y superior requiere. Gran parte de la percepción que
tienen los estudiantes hacia las Matemáticas como una materia retadora y a la vez accesible y,
al mismo tiempo frustrante, se encuentran dentro de un marco de experiencias iniciales nada