Revista de Investigación en Ciencias de la Educación
Vol. 1 No 3, septiembre 2026, 73-86
ISSN: 3073-1461
https://revistasfiecyt.com/index.php/riced
73
Procrastinación académica en estudiantes de educación superior
universitaria
Academic procrastination in university higher education students
Marcelo Remigio Castillo Bustos
1
Luis Alberto Castillo Sánchez
2
Fernanda Jeamileth Paredes Velasco
3
María del Cisne Oviedo Ortega
4
1
Autor de correspondencia: smoscoso@ucacue.edu.ec
1
Universidad Central del Ecuador.
Ecuador
mrcastillob@uce.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-0740-090X
2
Instituto Universitario Japón. Ecuador
lcastillo@itsjapon.edu.ec
https://orcid.org/0000-0001-6183-3581
3
Universidad Central del Ecuador.
Ecuador
fjparedesv@uce.edu.ec
https://orcid.org/0009-0001-0476-1187
4
Universidad Central del Ecuador.
Ecuador
mdoviedo@uce.edu.ec
https://orcid.org/0009-0005-8373-2550
Datos del artículo:
Recibido: junio 14, 2026
Aceptado: agosto 25, 2026
Publicación: septiembre 15, 2026
Palabras clave:
procrastinación académica, estudiantes
universitarios, autorregulación,
educación superior, aprendizaje.
Keywords:
academic procrastination, university
students, self-regulation, higher
education, learning.
DOI: https://doi.org/10.53877/a4he6488
Este artículo está bajo la licencia
Resumen
La procrastinación académica constituye una problemática frecuente
en estudiantes de educación superior universitaria, expresada en la
postergación voluntaria de actividades académicas pese a reconocer
sus posibles consecuencias. Esta conducta puede relacionarse con
dificultades en la autorregulación del aprendizaje, la motivación, la
gestión del tiempo y la regulación emocional. El presente estudio
tuvo como objetivo analizar la procrastinación académica en
estudiantes universitarios, considerando sus principales
características y factores asociados. Metodológicamente, es un
estudio teórico basado en una revisión bibliográfica de literatura
científica especializada sobre procrastinación académica y
autorregulación del aprendizaje. Los resultados permitieron
comprenderla como un fenómeno complejo y multidimensional,
cuya manifestación no responde exclusivamente a dificultades en la
organización del tiempo, sino también a factores cognitivos,
motivacionales, emocionales y contextuales que intervienen en la
conducta académica. Se concluye que la procrastinación académica
debe abordarse desde una perspectiva integral, fortaleciendo los
procesos de autorregulación, motivación y gestión emocional para
favorecer un aprendizaje más autónomo y un mejor desempeño
académico.
Abstract
Academic procrastination is a frequent problem among higher
education students, expressed through the voluntary postponement
of academic activities despite recognizing their potential
consequences. This behavior may be associated with difficulties in
self-regulated learning, motivation, time management, and
emotional regulation. This article aimed to analyze academic
procrastination among university students, considering its main
characteristics and associated factors. Methodologically, it is a
theoretical study based on a bibliographic review of specialized
scientific literature on academic procrastination and self-regulated
learning. The results provided an understanding of procrastination
as a complex and multidimensional phenomenon, whose
manifestation is not exclusively related to difficulties in time
management, but also to cognitive, motivational, emotional, and
contextual factors involved in academic behavior. A close
relationship was also identified between procrastination and
difficulties in regulating behavior aimed at achieving academic goals.
Marcelo Castillo / Luis Castillo / Fernanda Paredes / María Oviedo
RICEd: Revista de Investigación en Ciencias de la Educación, Vol. 1, No 3, Ed. Esp. septiembre 2026, 73-86. 74
It is concluded that academic procrastination should be addressed
from an integrated perspective, strengthening self-regulation,
motivation, and emotional management processes to promote more
autonomous learning and improved academic performance.
Forma sugerida de citar (APA):
Castillo Bustos, M. R., Castillo Sánchez, L. A., Paredes Velasco, F. J. y Oviedo Ortega, M. (2026).
Procrastinación académica en estudiantes de educación superior universitaria. RICEd: Revista de
Investigación en Ciencias de la Educación. 1(3). Ed. Esp. 73-86. https://doi.org/10.53877/a4he6488
INTRODUCCIÓN
La educación como posibilidad para influir en la formación integral del ser humano,
implementa acciones y estrategias para promover la construcción del conocimiento y
fomentar una participación social activa y propositiva. Como parte de la formación
profesional universitaria, se plantean tareas académicas, lecciones, prácticas y otras
actividades que coadyuven a la consolidación de los aprendizajes, dado que, el quehacer
académico de los universitarios se combina con las actividades de la vida cotidiana, puede
conllevar a la procrastinación. Esta situación al convertirse en una costumbre, se instituye
como una problemática con serios efectos en lo emocional, académico y social por lo que
resulta necesario abordarla.
La procrastinación académica es una conducta que afecta a los estudiantes de los
diferentes niveles educativos, particularmente a los de la educación superior universitaria.
Diversos estudios Latinoamericanos reportan elevados niveles de procrastinación, por
ejemplo: Carranza y Ramírez (2013) revelan que el 61% de personas presenta procrastinación,
de las cuales, el 20% incurren en procrastinación crónica, conocida como un patrón recurrente
de aplazamiento de las tareas académicas.
Los factores de la procrastinación son distintos, pero, los actuales entornos digitales
estarían jugando un papel determinante. Según Ramos-Galarza et al., (2017), el estudiantado
que tiene mayores niveles de procrastinación dedica largos períodos de su tiempo a redes
sociales y otros recursos digitales, de ahí la necesidad de realizar este estudio en el contexto
ecuatoriano para plantear alternativas que permitan superar la problemática o al menos
reducirla.
Las consecuencias de la procrastinación impactan en la estabilidad emocional y física
del alumnado. Guerra–Pino y Reivan–Ortiz (2024), sostienen que la procrastinación afecta a
la salud, la educación y la vida cotidiana, por esto, es importante abordarla de manera
temprana. Procrastinar, es una tendencia persistente al aplazamiento injustificado de
actividades académicas. Marquina-Luján et al., (2016), señala que se trata del retraso
tendencial de las tareas dejando de lado la responsabilidad y la decisión de realizarlas en su
debido momento. Generalmente, esta conducta se debe a la sustitución de tareas por
actividades triviales, lo que conlleva a posponer la entrega para el último momento. Según
Zumárraga-Espinosa y Cevallos-Pozo, (2022), la procrastinación académica consiste en
postergar las tareas aun sabiendo que conlleva a consecuencias adversas, desde lo cual, se
infiere que la falta de acción estaría asociada con la carente gestión de los propios procesos de
estudio y en el control de las actividades académicas.
A pesar de que el ámbito académico se caracteriza, principalmente, por ser organizado
y exigente, la procrastinación es un problema recurrente con serias afectaciones en la vida
académica, personal y social del estudiante universitario. Limone et al. (2020), en un estudio
realizado en Italia, evidenciaron que las estrategias cognitivas, metacognitivas y la gestión del
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tiempo influyen en el aplazamiento de las tareas académicas y demuestra que los hombres
tienden a procrastinar más que las mujeres, debido a una deficiencia marcada en la
planificación de sus estudios y el uso de estrategias para resolver problemas. De ahí que, es
necesario el desarrollo de habilidades de autorregulación, como un mecanismo para reducir
la falta de actividad, dado que, no se trata solamente de tener voluntad, sino de acompañar
con motivación de parte del profesorado, la familia e incluso otros actores.
En el 2017, Rodríguez y Clariana en una investigación con estudiantes universitarios
de Barcelona- España, revelaron que el nivel de procrastinación depende exclusivamente de
la edad del alumno y no del curso en el que se encuentra; demuestran también que los
estudiantes menores de 25 años tienen puntuaciones más altas en comportamientos de
postergación en comparación con sus compañeros de mayor edad. Podría pensarse que, los
estudiantes del nivel superior adquieren madurez cronológica, evidencian niveles superiores
de autocontrol y capacidad para rechazar distracciones inmediatas, lo cual, conlleva a una
mejor organización de sus responsabilidades.
En el 2021 Gohain y Gogoi, constataron que un 68,9% de estudiantes investigados,
muestran altos niveles de procrastinación debido a la dependencia de terceros. En otras
palabras, esperan que otro compañero avance la tarea para tomarla como referencia o pedir
que se las pase, mientras que un 52,7% lo hace por el rechazo o malestar emocional que genera
realizar la tarea.
Actualmente, la procrastinación académica es uno de los principales problemas que
debe ser examinado, ya que se ha convertido en el factor más influyente en el bajo rendimiento
académico, y a la vez, en dificultades de salud como exceso de estrés y ansiedad. Por ende,
resulta importante abordar el tema para comprender su magnitud en el ámbito académico,
para promover el diseño de estrategias que conlleven a prevenir y de ser posible, superar la
problemática. De acuerdo a lo anterior, esta investigación tiene como objetivo caracterizar la
procrastinación académica en el contexto investigado a fin de promover su comprensión y
facilitar la implementación de medidas que permitan superar la problemática.
Procrastinación
El término procrastinar se deriva de la palabra latina procrastinare, que significa postergar
para otro día, siendo esta, una tendencia a retrasar la finalización de una tarea evadiendo la
responsabilidad y las decisiones (Marquina-Luján et al., 2016). Procrastinar es una inclinación
específica para evadir obligaciones presentes en el día a día.
Desde una perspectiva psicológica la procrastinación se centra en las deficiencias del
control sobre las propias acciones, se entiende como una insuficiencia en los problemas de
autorregulación que genera una demora voluntaria de actividades planificadas, incluso
cuando el individuo anticipa que dicha demora tendrá consecuencias negativas. (Steel y
Ferrari, 2012 como se citó en Rodríguez y Clariana, 2017).
La procrastinación se manifiesta en las distintas dimensiones del individuo, de ahí que
involucra problemas de autorregulación a nivel cognitivo, afectivo y conductual,
acompañados de un malestar subjetivo (Díaz-Morales, 2019, como se citó en Cordovez et al.,
2023). Más allá de una simple falta de acción se asume como un conflicto interno que afecta
los pensamientos y las emociones de quienes la padecen.
Procrastinación Académica
La procrastinación académica se centra en el ámbito del aprendizaje formal y las distintas
obligaciones que este ocupa. Según Triana et al. (2025), procrastinar implica aplazar de forma
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voluntaria e irracional las tareas educativas, aun cuando el sujeto comprende que esto afectará
negativamente a su rendimiento y bienestar, por lo que, el procrastinador académico actúa de
manera perjudicial para sus propios intereses, priorizando el alivio inmediato sobre el
cumplimiento de su responsabilidad. Para Rodríguez y Clariana (2017), se trata de la
postergación de tareas sin justificación, lo cual, afecta a las actividades universitarias en
general. Debe tenerse en cuenta que el comportamiento dilatorio en lo académico suele estar
vinculado a una deficiente gestión de los recursos personales. Para Limone et al. (2020), la
procrastinación puede ser decisional cuando se evidencia como un patrón desadaptativo
estable, donde el individuo toma una determinación ante situaciones de conflictos o múltiples
opciones; y compulsiva o disfuncional, cuando coexisten demoras tanto en las decisiones
como en las conductas, generando sentimientos de culpa e impulsa la elección de situaciones
discapacitantes. La primera es el bloqueo mental que impide al sujeto comprometerse con una
alternativa específica en los plazos requeridos, y la segunda es un ciclo de autosabotaje severo
que compromete la productividad y el bienestar emocional.
En relación con la frecuencia y persistencia en el tiempo, Schouwenburg (2004, como
se citó en Rodríguez y Clariana, 2017) señala que existen procrastinadores esporádicos, que
postergan las tareas por fallos puntuales en la gestión del tiempo, y procrastinadores crónicos,
para quienes la demora es un hábito generalizado de desatención a sus responsabilidades. De
esta manera, la procrastinación académica puede manifestarse como un error logístico
temporal o como un rasgo de personalidad profundamente arraigado.
Por la intencionalidad y el control sobre la conducta dilatoria que definen la
funcionalidad de la demora para el sujeto, Chu y Choi (2005, como se citó en Kooren et al.,
2024) afirman la existencia de procrastinadores pasivos, que se caracterizan por la indecisión
y la incapacidad de actuar; y de procrastinadores activos, quienes toman la decisión
deliberada de posponer actividades para optimizar su rendimiento. De ahí se deduce que, el
procrastinador pasivo sufre consecuencias de su parálisis y el activo, utiliza la presión
temporal de forma estratégica para poder alcanzar sus objetivos.
La procrastinación académica se ha convertido en un fenómeno ampliamente
estudiado en América Latina, debido a su impacto en el rendimiento, el bienestar estudiantil
y otros aspectos personales, sociales y académicos. Diversas investigaciones señalan que este
comportamiento, no solo, implica postergar tareas, sino que se asocia con factores
emocionales, cognitivos y conductuales. En este sentido, Cordovez et al. (2023), afirma que la
procrastinación académica “es la tendencia a postergar tareas escolares o universitarias,
influida por factores emocionales, cognitivos y conductuales” (p. 86), lo cual evidencia su
carácter multifactorial en el contexto educativo latinoamericano. Estudios regionales
muestran que el acceso a tecnologías digitales y redes sociales ha incrementado las conductas
procrastinadoras, especialmente en estudiantes universitarios, quienes sustituyen las
actividades académicas, por la interacción en entonos digitales, generalmente, con fines
recreativos.
En el contexto ecuatoriano, la procrastinación ha sido analizada en relación con
variables como el rendimiento académico, la autoeficacia y el uso del internet. Un estudio
realizado por Ramos-Galarza et al. (2017) evidenció que la procrastinación mantiene una
correlación significativa con la adicción al internet (r = 0.50), lo que sugiere que el uso excesivo
de plataformas digitales influye directamente en la postergación de actividades académicas.
Asimismo, los estudiantes con bajo rendimiento académico presentan mayores niveles
de procrastinación en comparación con aquellos con mejor desempeño, lo que confirma su
incidencia directa en los resultados de aprendizaje y educativos en términos generales.
Investigaciones varios estudios subrayan el papel de la autoeficacia y la autorregulación como
un mecanismo para superar la procrastinación y sus efectos. Para Zumárraga-Espinosa y
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Cevallos-Pozo (2022), la procrastinación actúa como factor mediador entre la autoeficacia y el
rendimiento académico, sugiriendo que los estudiantes con menor capacidad de
autorregulación tienden a postergar más sus obligaciones.
Niveles de Procrastinación Académica
La procrastinación académica se manifiesta en distintos niveles que reflejan la intensidad y
frecuencia con que los estudiantes posponen sus responsabilidades. De acuerdo con la Escala
de Procrastinación de Tuckman, esta conducta puede presentarse en niveles bajos, moderados
y altos, mismos que permiten identificar el grado de dificultad en las capacidades de
autorregulación del tiempo con relación a la ejecución de tareas académicas.
Cuando son bajos niveles de procrastinación académica, se está hablando de la
postergación de tareas de manera ocasional, justificadas por la reorganización de prioridades
importantes y urgentes. Este tipo de procrastinación no repercute en el desempeño académico.
En los niveles moderados, la conducta procrastinadora se presenta con mayor frecuencia y
genera tensión emocional al momento de cumplir plazos de entrega o preparar tareas lo cual
afecta a la organización y autorregulación, aunque los estudiantes logran cumplir con sus
obligaciones es inminente su afectación emocional en los momentos de mayor tensión. En los
niveles moderados la postergación de tareas académicas es sistemática y ocasiona malestar
subjetivo que si bien no está diagnosticado es notoria la molestia y afectación emocional
expresados en deficiencias en los procesos de autorregulación que impactan negativamente
en el desempeño académico y aumenta el riesgo de fracaso escolar (Tuckman, 1991).
Características de la persona procrastinadora
La procrastinación afecta en el desempeño académico, así como también en la salud mental y
física del estudiante. Particularmente, en el aspecto emocional, el autorreproche constante y
los sentimientos de culpa impiden disfrutar saludablemente de las actividades de ocio, dado
que, a estas se dedica un cierto tiempo en lugar de cumplir con las tareas académicas. Esta
dinámica genera un círculo vicioso en el que el estudiante, aun cuando busca alivio en
actividades recreativas, no experimenta bienestar pleno, pues la carga emocional derivada de
la postergación interfiere en el descanso y satisfacción personal (Ruiz, 2023).
Asimismo, una persona procrastinadora, por lo general, experimenta ansiedad física
y emocional. Al aproximarse la fecha límite de entrega de tareas o exámenes, pueden
manifestarse síntomas físicos de ansiedad, como sudoración en las manos, palpitaciones
excesivas y tensión muscular, así como también, rasgos emocionales como inquietud,
desesperación, preocupación excesiva y sensación de incapacidad para afrontar las exigencias
académicas. Estas respuestas físicas y emocionales impactan negativamente en el bienestar
del estudiante (Bertolín, 2023).
Otra característica de la persona procrastinadora es la percepción disminuida de su
autoeficacia para resolver tareas simples o complejas; cuando los resultados académicos
obtenidos son sistemáticamente insatisfactorios, el estudiante tiende a realizar atribuciones
causales negativas respecto a sus propias habilidades, lo que debilita la confianza en sus
capacidades. Esta autopercepción impacta directamente en la motivación y en el autoconcepto
académico, generando un círculo en el que la baja percepción de competencia conduce a
nuevas postergaciones y, en consecuencia, a un desempeño cada vez más limitado (Díaz,
2018).
En el aspecto personal, el estudiante procrastinador tiende a recurrir a excusas
racionales para justificar la postergación injustificada de sus tareas académicas. Estas excusas
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funcionan como mecanismo evitativo frente al sentimiento de culpa, permitiéndole sostener
la percepción de que su conducta está plenamente justificada. De este modo, no experimenta
la necesidad de modificar sus hábitos, pues considera legítima la demora en el cumplimiento
de sus responsabilidades, lo cual, refuerza el círculo vicioso de la procrastinación (Diotaiuti,
2021).
Características de la persona procrastinadora en el Ámbito de la Salud Física
La persona procrastinadora, generalmente, evidencia trastornos del sueño como consecuencia
de la desorganización de horarios y del cumplimiento de tareas a última hora, lo que conlleva
desvelos que alteran la homeostasis corporal. La preocupación constante por el
incumplimiento de responsabilidades puede derivar en episodios de insomnio, intensificando
el impacto negativo sobre el bienestar físico del estudiante.
Otra característica asociada con las conductas procrastinadoras en el contexto
académico es la fatiga crónica. En un inicio, la fatiga puede manifestarse como una respuesta
común derivada de la desorganización o la desmotivación, pero, cuando deja de ser
esporádica y se convierte en constante, desencadena una respuesta biológica de carácter
protector en el organismo, convirtiéndose en fatiga crónica. Este estado no solo refleja el
desgaste físico, sino también la incapacidad del cuerpo para recuperar adecuadamente la
energía, lo que intensifica el impacto negativo de la procrastinación en la salud del estudiante
(Fernández, 2026).
La persona procrastinadora se caracteriza por la somatización, puesto que relegar las
responsabilidades académicas conllevan a estados de desequilibrio emocional que inciden
directamente en la percepción de la salud. Aunque no exista un daño orgánico ni una
enfermedad diagnosticada, los síntomas se experimentan como reales y con igual intensidad
que los físicos. El estudiante puede presentar cefaleas, problemas gastrointestinales o tensión
muscular, manifestaciones que reflejan los efectos de este psicológico en la respuesta corporal
(Johansson, 2023).
Factores asociados con la procrastinación académica
Los principales factores de la procrastinación académica son: emocionales (estrés y ansiedad
académica), conductuales (mala organización del tiempo) y tecnológicos (uso excesivo del
internet). Guerra-Pino y Reivan-Ortiz (2024), revelaron que la procrastinación se relaciona
directamente con el estrés académico en estudiantes universitarios por las exigencias de la
formación profesional. De manera similar, estudios en población adolescente ecuatoriana
indican que la procrastinación se asocia con elevados niveles de ansiedad y estrés, lo que
demuestra que este fenómeno a más de afectar el rendimiento académico influye en la salud
mental.
Factores emocionales, como el estrés y la ansiedad, repercuten en el rendimiento
académico y el bienestar del estudiante. Según Álvarez-Silva et al., (2018), estas se manifiestan
al intentar cumplir las demandas escolares, que, por lo general, son excesivas, se trata de
manifestaciones o reacciones adaptativas a la presión escolar. El estrés académico se presenta
por el insuficiente tiempo para cumplir las tareas, mientras que, la ansiedad genera en el
estudiante desmotivación y miedo al fracaso, lo cual, conlleva a malestar físico como
cansancio, problemas de sueño y molestias musculares, y psicológico como aburrimiento,
desmotivación y poco interés por el estudio.
Factores conductuales como la deficiente organización del tiempo, incumplimiento de
tareas y desorganización de espacios de trabajo, entre otros, limitan un adecuado desempeño
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académico. Cabe anotar que, estas problemáticas son una clara evidencia de la deficiente
autorregulación frente al estudio (Rodríguez y Clariana, 2017). Por tanto, el entrenamiento en
el desarrollo de hábitos se instituye como una posibilidad con importantes impactos en el
cumplimiento responsable de los diferentes compromisos académicos en cualquier nivel
educativo.
Ramos-Galarza et al., (2017), mencionan que el excesivo tiempo empleado en la
navegación en redes sociales conlleva a que los estudiantes universitarios presenten altos
niveles de procrastinación. Estos, por lo general, empiezan las tareas revisando WhatsApp,
Facebook, entre otros, y ello afecta a la concentración y la posibilidad de retomar la actividad
que empezaron. Los mismos autores refieren a que los estudiantes con altos niveles de
rendimiento académico también utilizan internet, pero lo dirigen a la revisión sobre
información académica como revistas y libros orientados al enriquecimiento de su
conocimiento.
En tal contexto, la tecnología como recurso debe ser empleada adecuadamente para
maximizar sus ventajas en favor del aprendizaje, por el contrario, podría convertirse en un
obstáculo. Nótese que, junto al correcto uso de la tecnología, está la organización del tiempo
y la disponibilidad de espacios de trabajo eficientes, como factores determinantes para el éxito
académico. De manera similar, existen factores internos que influyen en la procrastinación
académica como una compleja red de variables psicológicas y externos como los contextuales.
En cuanto a los factores internos, la falta de automotivación y las fallas en la autorregulación
del aprendizaje son críticas. Para Steel y Klingsieck (2016), la habilidad de gestión del tiempo
y de la orientación a metas a largo plazo influyen en el rendimiento, siendo la ansiedad y el
miedo al fracaso los principales detonantes de la procrastinación (Zimmerman, 2013). Los
conocimientos previos, el desarrollo de habilidades, las experiencias de frustración académica
y otros, son también aspectos mediadores en la realización de tareas y consecuentemente en
el aprendizaje. Como se manifestó en párrafos anteriores, factores externos ejercen presión en
el aplazamiento de tareas, siendo las relaciones interpersonales en el contexto familiar, la
sobreexigencia o el desinterés parental; y en el contexto educativo el clima escolar hostil o la
falta de apoyo docente los que generan alta tensión y ello conlleva a que los estudiantes
evadan sus responsabilidades como mecanismo de defensa (Domínguez-Lara, 2018).
Los factores externos se asocian con la procrastinación académica, al debilitar la
resistencia del estudiante en entornos diseñados para la distracción. Elementos ambientales
como un espacio ruidoso de estudio, la presencia constante de notificaciones digitales o la
ambigüedad en las instrucciones de una rúbrica escolar actúan como facilitadores para el
aplazamiento. El diseño de las plataformas modernas compite directamente por la atención
del alumno, ganando espacio debido a que el contexto exterior no ofrece el soporte ni el orden
estructural necesario para sostener el esfuerzo académico.
Las dinámicas sociales que rodean al estudiante son determinantes en la tendencia a
postergar sus deberes. Las relaciones interpersonales en el contexto familiar configuran la
primera línea de soporte o presión, cuando impera la sobreexigencia o la falta de cohesión, el
hogar se vuelve un foco de estrés, por conflictos familiares en hogares, generalmente,
autoritarios donde disminuyen la confianza de los estudiantes y esto conlleva a la evitación
de las tareas como ruta de escape (Martínez y Valenzuela, 2019). Las relaciones
interpersonales que se establecen en el contexto educativo influyen significativamente en la
conducta del estudiante dentro del aula. Cuando existe un vínculo débil con el entorno
escolar, puede disminuir el compromiso con las actividades académicas, especialmente si el
clima escolar es percibido como poco favorable y las relaciones afectivas con docentes y
compañeros son distantes. En estas circunstancias, la falta de conexión y motivación puede
favorecer conductas de evitación y postergación de las responsabilidades académicas (García
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et al., 2021). En consecuencia, las condiciones del entorno escolar y las relaciones
interpersonales actúan de manera conjunta como factores externos que pueden favorecer la
procrastinación académica.
Efectos de la Procrastinación Académica
El efecto más evidente de la procrastinación académica es el deterioro sistemático de los
resultados de aprendizaje. Para Mustaca et al. (2022) es una conducta que acarrea graves
consecuencias en el desempeño universitario, ya que el estudiante debe cumplir con diversas
actividades en plazos previamente establecidos que termina incumpliendo o realizando
deficientemente, por lo que obtiene bajas calificaciones, reprueba materias y disminuye la
calidad de los trabajos. Para Ramos-Galarza et al. (2017), existe una relación inversa entre el
comportamiento procrastinador y el rendimiento (a mayor comportamiento procrastinador,
menor rendimiento académico). Por tanto, la procrastinación actúa como un predictor del
fracaso estudiantil, poniendo en riesgo la permanencia del alumno en el sistema educativo y
la culminación exitosa de su formación profesional.
Debe considerarse también que, la presión del último minuto impacta en el
funcionamiento biológico del estudiante debido a las deficiencias en los hábitos de
autocuidado. Marquina-Luján et al. (2016) explican que la ansiedad de realizar labores en el
tiempo límite conlleva al descuido de necesidades básicas como el sueño y la alimentación,
provocando un deterioro de la salud física. Debido a esto, el estrés derivado de la
procrastinación se somatiza en tensiones musculares, fatiga crónica, dolores físicos y
problemas gastrointestinales. Se ha observado que los procrastinadores crónicos tienden a
realizar menos ejercicio físico y retrasan la búsqueda de tratamientos médicos necesarios. El
desequilibrio entre las demandas académicas y el tiempo de descanso conduce a una mala
calidad del sueño y al agotamiento físico; factores que merman la capacidad cognitiva
necesaria para el estudio.
A largo plazo, los efectos de la procrastinación académica trascienden del aula y
afectan a la vida laboral y financiera del individuo. Lindner et al. (2023), la procrastinación
puede conducir a menores oportunidades laborales y a un bienestar financiero comprometido
una vez que el estudiante egresa. Esto implica que el patrón de aplazamiento de tareas en la
universidad tiende a cronificarse, afectando la productividad en el trabajo y la capacidad para
alcanzar metas vitales.
Efectos de la procrastinación en el rendimiento académico
Existen consensos en que la procrastinación impacta negativamente en el desempeño
académico, por lo general, los estudiantes que procrastinan incumplen con mayor frecuencia
sus tareas, presentan trabajos con menor calidad y evidencian mayores niveles de
insatisfacción académica. Se ha demostrado los estudiantes con altos niveles de
procrastinación, a más de presentar un rendimiento académico inferior con respecto a los
demás estudiantes, presentan dificultades en la gestión del tiempo y en la planificación de
actividades, lo cual, repercute en su formación profesional. Cabe anotar que, se trata de un
comportamiento que genera consecuencias emocionales como frustración, culpa y ansiedad;
afectando la calidad de vida del estudiante y su percepción de autoeficacia.
En un estudio realizado por Zumárraga-Espinosa y Cevallos-Pozo (2022), sobre el
impacto de la percepción de autoeficacia y el rendimiento académico, tras la aplicación de una
encuesta sobre conductas académicas a 788 estudiantes de universidades públicas y privadas
del Distrito Metropolitano de Quito, Ecuador, encontraron que confiar en las propias
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capacidades permite mejorar el desempeño académico, mientras que la tendencia a postergar
tareas, perjudica su eficacia. También, revelan que estos factores son más notorios durante los
primeros niveles de carrera, donde la falta de seguridad personal puede llevar al fracaso.
Efectos de la Procrastinación Académica en el bienestar emocional
La relación entre la procrastinación académica y el bienestar psicológico es cíclica y
destructiva, funcionando como un bucle donde el alivio temporal se paga con un alto costo
emocional. En el corto plazo, postergar una tarea estresante actúa como un mecanismo de
afrontamiento desadaptativo que ofrece una evasión inmediata del aburrimiento. Sin
embargo, este alivio es una ilusión efímera, a medida que el plazo de entrega se aproxima, el
bienestar se deteriora drásticamente debido a la aparición de un estado de hipervigilancia,
culpa crónica y ansiedad flotante. Diversos estudios en psicología de la salud demuestran que
este estrés sostenido no sólo mina la salud mental, sino que se traduce en síntomas físicos
reales como insomnio, problemas gastrointestinales y dolores de cabeza por tensión. El
estudiante atrapado en este ciclo experimenta una erosión constante de su autoeficacia, lo que
destruye su autoestima y autoimagen, dejándolo en un estado de vulnerabilidad psicológica
donde el bienestar general se reduce al mínimo.
Al analizar este impacto, se observa que la procrastinación sistemática ataca
directamente a los tres pilares del bienestar autodeterminado: autonomía, competencia y
relaciones sociales. En primer lugar, el procrastinador pierde su autonomía al decidir
conscientemente sobre su tiempo y actúa impulsado por la urgencia y el pánico del último
momento. En segundo lugar, el sentimiento de competencia se diluye, aunque el alumno logre
aprobar, la sensación interna es de fraude o de haber obtenido un resultado mediocre que no
refleja su verdadero potencial, alimentando el "síndrome del impostor". En tercer lugar, el
bienestar social también se fractura, dado que aparece el aislamiento autoimpuesto para
"terminar lo pendiente" que rara vez se termina a tiempo y daña las relaciones con amigos y
familiares. El análisis clínico de este fenómeno revela que la postergación no es un problema
de gestión del tiempo, sino una severa dificultad de regulación emocional que cronifica el
estrés y anula la capacidad del individuo para disfrutar de la vida cotidiana.
Para romper este vínculo negativo y restaurar el bienestar, se requiere un análisis de
los procesos de autocompasión y reestructuración cognitiva del estudiante, dado que, el
autocastigo severo con pensamientos autocríticos por haber procrastinado eleva los niveles de
cortisol y ansiedad, lo que paradójicamente redunda en la formación de personas más
propensas a postergar en la siguiente oportunidad para huir de ese nuevo dolor. El bienestar
se recupera cuando el enfoque cambia de la culpa a la acción; aceptar el error de forma
compasiva reduce la resistencia emocional hacia la tarea. De ahí que, la segmentación de
objetivos en micro tareas reduce la carga cognitiva y el miedo al fracaso, permitiendo al
cerebro experimentar pequeñas dosis de dopamina con cada avance. Al regular las emociones
en lugar de evadirlas, el estudiante no solo mejora su rendimiento académico, sino que
disminuye los niveles de estrés, devolviendo el equilibrio, la paz mental y la estabilidad a su
salud integral.
Estrategias para superar la Procrastinación Académica
La procrastinación involucra dimensiones vinculadas con la gestión del tiempo, la motivación
y la autorregulación. De ahí que, las estrategias para afrontarla se orientan al desarrollo de
habilidades que permiten planificar, ejecutar y evaluar el cumplimiento de los horarios
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establecidos, así como, fortalecer la capacidad de autorregular las emociones y cumplir con
mayor solvencia los procesos de aprendizaje.
Estrategias de inicio rápido
Las estrategias de inicio rápido son recursos eficaces, ya que, aprovechando la motivación
inicial, de manera imprevista pero alcanzable, se da el primer paso en la tarea. Al arrancar
inmediatamente, se genera un efecto de continuidad que impulsa la consecución progresiva
de la actividad reduciendo la resistencia inicial y motivando a la permanencia en la ejecución
de la tarea. Entre las estrategias de inicio rápido se sugieren las siguientes:
- Inicio inmediato cuando para esto se requiere menos de dos minutos. Iniciar con un
paso simple como abrir el documento, escribir unas líneas, hojear rápidamente, etc.
- Ejecución sostenida durante al menos cinco minutos. Una vez superada la dificultad
inicial de comenzar la tarea, se rompe el estado de reposo y se activa la inercia
psicológica. Lo que permanece en reposo tiende a continuar así, mientras que, al iniciar
la actividad, se genera una tendencia natural a sostener el ritmo (Faitakis, 2017).
- Dividir la ejecución de la tarea en pasos cortos y concretos. Elaborar la carátula, revisar
la bibliografía, escribir el resumen, elaborar las conclusiones, entre otros, para regular
el grado de exigencia.
- Conteo regresivo mental o con recursos electrónicos (cronómetro) para iniciar la tarea.
Al llegar al estímulo de inicio, debe comenzarse la acción inmediatamente para no dar
lugar a la duda.
Estrategias de motivación
Las estrategias motivacionales se orientan hacia el planteamiento de metas claras y
alcanzables, se basan en la incorporación de recompensas inmediatas, la vinculación de las
tareas con un propósito significativo, el fortalecimiento del auto impulso y la mediación social
como apoyo externo. Un estudiante motivado tiende a disminuir la tendencia a la
postergación, ya que, transforma la intención en acción concreta y sostenida. Entre las
estrategias de motivación se sugieren las siguientes:
- Plantear objetivos reales, alcanzables y precisos, que permitan verificar los avances y
experimentar la satisfacción de cumplirlos.
- Cada objetivo alcanzado debe ir acompañado de una gratificación, como un breve
descanso que impulse a continuar con la tarea. De esta manera, el estudiante percibe
que el esfuerzo realizado genera satisfacciones y se refuerza su motivación para seguir
avanzando.
- El propósito debe estar presente de manera que la ejecución de la tarea se articule con
metas personales o profesionales. Esta vinculación con el propósito fortalece el sentido
de dirección y potencia la motivación intrínseca del estudiante.
- Evitar la crítica basada en atribuciones causales personales negativas y, en su lugar,
interiorizar mensajes motivadores que reconozcan y valoren los avances, incluso
cuando estos sean mínimos, ya que contribuyen a reducir la ansiedad y favorecen la
persistencia en la tarea.
Estrategias de autorregulación
Las estrategias de autorregulación para enfrentar la procrastinación requieren el desarrollo de
habilidades de control cognitivo, emocional y conductual, orientadas a alcanzar un equilibrio
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entre los ámbitos de aprendizaje, social y personal. Este proceso resulta fundamental para
prevenir el impacto negativo en el rendimiento académico, así como en la salud física y
emocional (Mercado et al., 2023). Las sugerencias para la autorregulación constan a
continuación:
- Establecimiento de metas, definir objetivos de aprendizaje claros, concretos y
alcanzables y mantenerlos presentes a lo largo de la tarea.
- Planificación, organizar con la debida anticipación las actividades, recursos y tiempos
necesarios para alcanzar las metas, de tal manera que, nada falte al momento de
realizar la tarea y se mantenga el enfoque necesario en su ejecución.
- Gestión del tiempo, distribuir y priorizar adecuadamente el tiempo dedicado al
estudio.
- Organización del ambiente de aprendizaje, disponer de un espacio y de las
condiciones que favorezcan la concentración.
- Selección de estrategias cognitivas, utilizar técnicas como resumir, subrayar, elaborar
esquemas, mapas conceptuales o relacionar información.
- Monitoreo de la comprensión, comprobar durante el aprendizaje si se está
comprendiendo adecuadamente la información.
- Búsqueda de ayuda, solicitar orientación al docente, a los compañeros u otras fuentes
cuando surgen dificultades.
- Control de la atención, reducir distractores y mantener la concentración en la
actividad.
- Regulación de la motivación, mantener el interés y el esfuerzo frente a tareas complejas
o poco atractivas.
- Control emocional, reconocer y gestionar emociones como ansiedad, frustración,
aburrimiento o inseguridad.
- Autoevaluación, valorar el propio desempeño en relación con las metas establecidas.
- Autorreflexión, analizar qué estrategias funcionaron, cuáles deben modificarse y qué
aprendizajes se obtuvieron.
- Ajuste de estrategias, modificar la planificación o las estrategias utilizadas cuando los
resultados no son satisfactorios.
- Persistencia y esfuerzo, mantener el compromiso con la tarea a pesar de las
dificultades.
- Registro y seguimiento del progreso, documentar avances, dificultades y resultados
para orientar decisiones posteriores.
Recomendaciones generales
Para aplicar las estrategias de autorregulación debe partirse del reconocimiento de las
características, necesidades, capacidades y condiciones particulares de los estudiantes. De ahí
que, no es conveniente asumir que una misma estrategia tendrá igual efectividad en todos los
casos; su implementación debe responder a las particularidades del contexto educativo y a las
características de quienes participan en el proceso de aprendizaje, procurando que las acciones
propuestas sean pertinentes y accesibles.
Debe realizarse previamente una valoración de las condiciones en las que se desarrolla
el aprendizaje, para identificar las principales dificultades y fortalezas relacionadas con la
capacidad de los estudiantes y regular sus procesos cognitivos, motivacionales, emocionales
y conductuales, lo cual, permitirá determinar el tipo de apoyo que requiere cada estudiante y
evitar la aplicación indiscriminada de estrategias que no respondan a sus necesidades.
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La incorporación de las estrategias debe realizarse progresivamente, considerando que el
desarrollo de la autorregulación constituye un proceso gradual. En las primeras etapas puede
ser necesario proporcionar mayor orientación y acompañamiento, para posteriormente
disminuir estos apoyos conforme el estudiante desarrolla mayores niveles de autonomía. De
este modo, se evita generar dependencia del docente y se favorece que el estudiante asuma
paulatinamente la responsabilidad sobre su propio aprendizaje.
El estudiante debe comprender el propósito de las estrategias que utiliza y reconocer
su utilidad dentro de las actividades académicas. Su aplicación no debería limitarse al
cumplimiento de instrucciones, sino propiciar una participación consciente en la toma de
decisiones relacionadas con el propio aprendizaje. Esta condición favorece que las estrategias
sean utilizadas de manera flexible y que puedan ser adaptadas cuando las circunstancias o las
demandas de una tarea lo requieran.
El contexto en el que se desarrolla el aprendizaje también debe ser considerado, ya
que, la autorregulación no depende exclusivamente de las capacidades individuales del
estudiante, sino que se encuentra influida por las condiciones pedagógicas, sociales y
ambientales en las que aprende. Por ello, es conveniente generar ambientes que favorezcan la
participación, la confianza, la autonomía, la interacción y la disposición para afrontar las
dificultades propias del proceso educativo.
El seguimiento continuo constituye otra condición importante para una adecuada
aplicación, por lo que, es necesario observar la evolución de los estudiantes, identificar los
avances alcanzados y reconocer las dificultades que persisten, de modo que las acciones
educativas puedan ajustarse oportunamente. La retroalimentación debe contribuir a que el
estudiante comprenda su proceso, reconozca sus progresos y encuentre oportunidades
concretas de mejora, sin reducir la valoración exclusivamente a los resultados académicos
obtenidos.
La aplicación de las estrategias de autorregulación debe mantener un carácter flexible,
sistemático y contextualizado, ya que, no se trata de aplicar procedimientos de manera
mecánica, sino de favorecer progresivamente la capacidad del estudiante para decidir cuáles
son más pertinentes en función de las demandas de cada situación. Su utilización frecuente
en diferentes actividades y contextos permitirá fortalecer su transferencia y contribuirá al
desarrollo de una autonomía cada vez mayor en el aprendizaje.
CONCLUSIONES
La autorregulación del aprendizaje constituye un proceso integral que permite al estudiante
asumir un papel activo y progresivamente autónomo en la gestión de sus procesos cognitivos,
motivacionales, emocionales y conductuales. Su desarrollo favorece una participación más
consciente y responsable frente a las demandas del aprendizaje.
Las estrategias de autorregulación requieren una aplicación contextualizada y flexible.
Su efectividad depende de las características y necesidades de los estudiantes, así como de las
condiciones pedagógicas y ambientales en las que se desarrolla el aprendizaje. Por ello, su
implementación debe ser gradual, acompañada y susceptible de adaptación.
El desarrollo de la autorregulación exige continuidad y seguimiento. La aplicación
sistemática de las estrategias, acompañada de orientación, retroalimentación y valoración
permanente, contribuye a que los estudiantes progresen desde una regulación inicialmente
apoyada hacia mayores niveles de autonomía, favoreciendo la transferencia de estas
capacidades a diversas situaciones de aprendizaje.
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